Voluntarios y profesionales
El voluntario llega espontáneamente, como llegan a nuestra vida los amigos, con su carga personal de cualidades y defectos, con una historia que contar. Con el voluntario
J. C. Gª Fajardo
El voluntario llega espontáneamente, como llegan a nuestra vida los amigos, con su carga personal de cualidades y defectos, con una historia que contar. Con el voluntario se puede hablar con la seguridad de que no está diagnosticando enfermedades ni prescribiendo remedios. Solo escucha con respeto y acompaña en la soledad.
Hay profesionales de los servicios sociales que piensan que su área de especialización todavía no se ha asentado en el imaginario social con la suficiente fuerza y que, por tanto, los voluntarios son un peligro para su futuro laboral. Antes, al contrario, habría que estudiar la cantidad de puestos de trabajo que ha creado el movimiento voluntario para la preparación de programas que requieren de una supervisión profesional o para la coordinación de los propios voluntarios.
Dentro de este sistema de protección social, los profesionales (médicos, enfermeras, trabajadores y educadores sociales, monitores diversos, psicólogos, terapeutas ocupacionales, etc.) desempeñan una función central e imprescindible, mientras que los voluntarios sociales asumen su papel subsidiario, al servicio en muchos casos de los propios profesionales o coordinados por ellos.
Sería un grave error que el voluntario hiciera de su servicio una actividad profesional, porque ni su compromiso ni sus conocimientos ni su dedicación serían los adecuados. Y, aunque lo fueran, podría ser una intromisión laboral.
Por otro lado, tampoco podemos condenar a los excluidos o a los enfermos a que solo se relacionen con su familia cercana, si la tienen, y con los profesionales que los atienden. El voluntario entra en el hueco descubierto de la amistad, del cariño, de la fraternidad, de las relaciones humanas abiertas y espontáneas, de las que se ven privadas las personas en exclusión.