Vida
¿Cómo se sacia el amor?
Mientras el hambre, la sed y la sexualidad “requieren de motivos externos, los motivos del sueño y del amor son internos.
Si el hambre se sacia comiendo, la sed bebiendo y el sueño durmiendo, ¿cómo se “sacia” el amor? Ante esta pregunta, Enrique Burunat, profesor de psicobiología de la Universidad de La Laguna, en Tenerife, explica que, mientras el hambre, la sed y la sexualidad “requieren de motivos externos (comida para el hambre, agua para la sed, otro cuerpo para el sexo), los motivos del sueño y del amor son internos”.
“El sueño se relaciona, entre otros procesos, con la grabación de las experiencias vividas en la vigilia, mientras que el amor se relaciona directamente con la actividad de circuitos de placer en el cerebro o, en otras palabras, con el equilibrio mental, la satisfacción, el bienestar y la felicidad”, indica.
“De hecho, el amor es una adicción inextinguible a otra persona suministradora de felicidad, independientemente de la actividad sexual que pudiera compartirse. El amor puede aparecer, o no, en cualquier momento de la vida adulta, para instalarse de manera permanente, como el resto de motivaciones”, manifiesta el profesor.
En este sentido, aclara que una de las principales diferencias entre emociones y motivaciones es que las motivaciones fisiológicas, una vez que aparecen, son permanentes, mientras que las emociones son efímeras.
Por otro lado, Burunat destaca que la falta de amor en las primeras etapas de la vida puede comprometer el desarrollo de la persona y afectar drásticamente a su capacidad de ser feliz.
El profesor detalla que, hace aproximadamente un millón de años, “incluso antes de la aparición de nuestra propia especie, la evolución biológica comenzó a seleccionar positivamente el amor maternal como el factor esencial para la supervivencia de las crías, progresivamente inmaduras al nacer y de desarrollo cada vez más lento”.
Así, estima que la alta tasa de mortalidad de bebés por falta de cuidados maternales expondría a las poblaciones de homínidos al riesgo de desaparecer “y eso llevó hacia un cuello de botella evolutivo, con una presión enorme a favor de la selección positiva de los genes implicados en la construcción cerebral del amor”. Por lo tanto, Burunat afirma que el amor “es esencial para la humanidad”.
El académico subraya también que el amor maternal, el amor a la abuela, el amor romántico, etc., “son básicamente el mismo tipo de amor con sólo mínimas diferencias cerebrales”.