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El Vidajena

Por: Redacción -

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En el patio limoso de la vieja casa de inquilinato construida en los tiempos del canal francés, allá por 1885, del siglo XIX, las penurias, la desesperación y el hambre se habían asentado. Y no se esperaba otra cosa, ya que los buaycitos preferían cobijarse bajo el palo de mamón a jugar dominó y negarse a agachar el lomo en un trabajo. Por consiguiente, ellos y sus familias, en especial los come arroces tenían que saltar garrocha casi todos los días. No tenían ni para una librita de mondongo, ya que esta carne popular también ha aumentado de precio.

Los buaycitos, para sobrevivir, compraban unas cuantas michas de pan, de las que habían quedado de día anteriores, ya que no todos podían comprarlas por la crisis que estamos viviendo.

La pandilla de malosos eran unos egoístas. Hacían unos sandwiches con las michas y mortadela de la más barata y a veces con queso y se llenaban la barriga, olvidándose que sus familiares también tenían que meterle al afrecho. Y eran malvados entre ellos. Decían que

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