Nuestro fútbol de ‘aldealandia’
Nuestro fútbol, al revés, en “aldealandia” o en “chancleta”, estos epítetos originados por mis amigos Luis Giraldo y Hugo Kohen, parecen enmarcar y reflejar con exactitud lo que vivimos en Panamá.
Con dos hechos y muy marcos: un "influencer" reclama un dinero prestado a Fredy Góndola, y el otro, un colega que se adelanta y malinforma por una supuesta lesión de Michael Amir Murillo y es desmentido por el mismo jugador.
Es inverosímil y de poco entender y razonar la relación poco profesional que tiene el fútbol panameño, donde lo más importante es debatir, sumergidos en el morbo y poner en el escarnio público a un futbolista porque debe dinero; sin dudas que no existe una cultura por este deporte.
¿Qué importancia tiene que este personaje "subnormal" reclame su dinero, cuando es un tema personal, incluso dejando atrás y opacando la celebración de 50 años de nuestro primer partido de eliminatoria mundialista (Argentina 1978), 4 de abril de 1976, donde vencimos a Costa Rica 3-2?
Todos conocemos que esta persona que hoy exige seriedad, la mayoría de su material es irreverente, con toques sarcásticos y llenos de bufonadas. ¿En qué nos puede ayudar a crecer y desarrollarnos un tema tan trivial y banal como una deuda por un préstamo de 450 dólares que incluso sería una pérdida de tiempo frente a un juez de paz?
Esto le queda de experiencia a nuestros futbolistas: que estos "aparecidos", que juegan PlayStation y comen barquillos, no son amigos suyos, son usurpadores de su momento de gloria y para ellos lo más importante es generar, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
Este caso es digno de una corregiduría, patio limoso o barrio de trifulcas, pero el daño es irreparable; se daña la imagen de una selección mundialista a nivel internacional. Haciéndonos pasar pena y el hazmerreír, que no honramos las deudas, limpios y "malapagas", trampistas y tracaleros.
Pero estos mismos "influencers" son los que se desgarran las vestiduras, proclamándose defensores de la Selección; ya los veré de vuelta a la taquilla, buscando una foto.
El otro tema es más doméstico, porque adelantarse a los hechos y “lesionar” un jugador, con el solo hecho de presumir que la "bomba" la tire primero.
Aprendí con empíricos que tal vez no cursaron estudios periodísticos, pero los géneros informativos e interpretativos los manejaban a la perfección; siempre hay que apuntar a la veracidad.
En los inicios de los 90, me decía el maestro Rafael "Chequele" Samudio: "Cuando tienes los pelos del gato en la mano, me dices su color", y, en esta misma redacción en Crítica, Mario Milciades Molina, indicaba: "Cuando uno mal informa, es como juntar agua y aceite; más nunca podrás recogerlo todo y pierdes credibilidad".
Al parecer, industrializamos la idiotez, la elaboramos, empacamos, mercadeamos y la vendemos.
A mi familia, fútbol, les recomiendo enfocarnos y focalizarnos en lo más importante, atender el rendimiento de la "Sele", porque no quiero volver a ser último en un Mundial.
El autor de la columna es comentarista en Sertv Deportes.
