Nacional - 29/10/26 - 09:24 PM

Kevin Marino: ¡Please, Vaselina para que se me resbale el bochinche!

El embajador de Estados Unidos en Panamá dice que en política hay que aprender a dejar que las cosas resbalen. Entre bromas sobre los rumores de su salida, su esposa supuestamente embarazada y su experiencia en Miami, Kevin Marino Cabrera mostró una faceta menos protocolar, sin dejar de lado los mensajes políticos.

Por: Redacción / Crítica -

Para sobrevivir a la selva política, no basta con ponerse el saco y la corbata. Según el embajador de Estados Unidos en Panamá, Kevin Marino Cabrera, la clave está en darse un buen baño de vaselina algunas mañanas para que todos los comentarios, chismes y ataques le resbalen por completo.

Y no, no es un consejo de estética. Es la fórmula del diplomático estadounidense para enfrentar las especulaciones y las bolas que corren por los pasillos del poder.

Durante una entrevista con Crítica, el diplomático dejó por un rato el tono solemne que suele acompañar a los representantes de Washington y mostró una faceta más relajada, con humor, y algunas respuestas que retratan su manera de entender el oficio diplomático.

El “embajador del año” y los 60 meses de embarazo

Cuando se le recordó aquella comparación que hizo entre la política de Miami y una selva, donde quien logra sobrevivir puede hacerlo prácticamente en cualquier parte del mundo, Cabrera aseguró que Panamá no le ha ido nada mal.

Entre risas, el embajador soltó una primicia que ni él sabía si era oficial: fue reconocido como el mejor embajador de Estados Unidos en el mundo dentro del Gobierno norteamericano, un galardón que celebrará en grande junto al secretario de Estado, Marco Rubio.

Pero si de rumores se trata, a Cabrera le llueven por todos lados. Que si se va para Filipinas, que si lo mueven a Venezuela o lo mandan de vuelta a Washington... a él le resbala:

«Que hablen bien, que hablen mal, pero que hablen».

Lo más insólito son los cuentos sobre su vida personal. Con puro humor criollo, el diplomático se burló de los inventos sobre su familia:

«Si fuera por los chismes, mi esposa ya llevaría como 60 meses de embarazo».

De la escuela de Trump a la diplomacia de calle

Cabrera no es el típico diplomático de escritorio formado en academias solemnes. Antes de aterrizar en Panamá, se fogueó en la política pesada de Florida como comisionado de Miami-Dade —manejando $13 mil millones de presupuesto— y fue la mano derecha de Donald Trump como su director de campaña en Florida en 2020.

Por eso, la política dura no lo asusta. Aunque aclara que en Panamá ha aprendido una lección clave:

«Tenemos dos orejas y una boca, así que hay que escuchar más de lo que se habla».

“Es influencia maligna”

Donde Cabrera no se guardó nada fue al hablar de China. El embajador calificó su influencia en América Latina como «maligna» y hasta contó que esa palabra no cae nada bien en la embajada china.

«Eso le cae muy mal a la embajada. Eso le da como un aneurismo, La cabeza como que se le explota a la embajada china cuando digo maligno», comentó.

También cuestionó las inversiones chinas en la región, al señalar que no siempre generan empleos para la gente local y que algunas empresas llevan a sus propios trabajadores.

El embajador le tiró directo al proyecto del Cuarto Puente sobre el Canal —en manos de empresas chinas—, criticando sus retrasos y sobrecostos. En contraste, defendió las obras estadounidenses y lanzó un mensaje que seguramente no caerá bien en la embajada china en Panamá.


Panamá y Estados Unidos: un matrimonio con sus altos y bajos

Si de relaciones se trata, Cabrera también encontró una comparación bastante cotidiana para describir el vínculo entre ambos países.

La relación entre Panamá y Estados Unidos, dijo, se parece a un matrimonio: tiene momentos buenos y otros complicados, pero lo importante es saber conversar y seguir construyendo juntos.

El embajador considera que ambos países atraviesan uno de los mejores momentos de sus más de 120 años de historia compartida.

En ese contexto, defendió la cooperación bilateral, particularmente en temas de seguridad, migración y combate al narcotráfico. También destacó el trabajo conjunto para frenar el flujo migratorio por la selva del Darién y sostuvo que los resultados alcanzados demuestran lo que puede lograrse cuando ambos gobiernos trabajan en una misma dirección.
 

Panamá le cambió la vida (o le toca dormir en el sofá)

Al comparar la relación bilateral entre Panamá y EE. UU., la definió como un matrimonio maduro de 120 años: con altas y bajas, pero caminando juntos en temas candentes como la seguridad, el combate al narcotráfico y el frenazo a la migración ilegal en la selva del Darién.

Pero más allá de la política, Panamá le tocó el corazón. Cuando se le preguntó si este país lo cambió, en una media sonrisa lanzó una advertencia mirando de reojo a su esposa:

«Si no digo que Panamá me cambió la vida, hoy me toca dormir en el sofá».

Al final, Cabrera dejó una idea que resume su visión del cargo: escuchar, conocer y construir relaciones.

Porque en esta selva diplomática, entre intereses políticos, diferencias y bochinches, parece que el embajador ya encontró su fórmula: trabajar, escuchar y, cuando la mañana viene complicada, tener la vaselina a mano.

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