Nacional - 30/10/26 - 05:19 PM

Tocar la campana: el sueño de todos los pacientes del Oncológico

Juana enfrenta el cáncer de mama mientras lidia con un sistema de salud colapsado. La historia de los cientos de pacientes que esperan un milagro en el Oncológico.

 

Por: Rocío Martins / Crítica -

Panamá- Cada madrugada, de lunes a viernes, cientos de pacientes con cáncer llegan a la sede del Instituto Oncológico Nacional (ION), en Ancón, con la esperanza de ser atendidas temprano y regresar temprano a casa. Muchas veces eso no ocurre. Mientras esperan, los pasillos se llenan de sillas ocupadas, termos de café, bolsos apretados contra las paredes y pacientes con mascarillas que miran el reloj una y otra vez.

En 2023, el ION registró 4,934 pacientes nuevos y 155,883 consultas atendidas. Al año siguiente, la cifra de ingresos subió a 5,290 pacientes nuevos, según datos del Ministerio de Salud. Detrás de cada uno de esos números hay una persona que madrugó, hizo fila y esperó.
 

El bulto que lo cambió todo

Juana, una mujer de mediana edad, un día se estaba bañando y, al tocarse su seno derecho sintió un bulto raro. Estaba segura de que eso no estaba allí la última vez que se revisó. Asustada, pero consciente de que ante la posibilidad de padecer cáncer no solo hay que ser valiente, sino actuar rápido, decidió ir a buscar un diagnóstico.

Lamentablemente, tras varios meses de análisis y citas, llegó el resultado que ella no quería escuchar: un ultrasonido constató que dio positivo para cáncer de mama. Así inició su lucha contra la enfermedad.

El mercado persa de la salud

Tras recibir la referencia para atenderse en el Oncológico, cinco meses después del diagnóstico, Juana llegó en un taxi hasta el hospital Oncológico para sacar su primera cita. Ella creía que iba temprano. Apenas el sol se asomaba en el horizonte. Para su sorpresa, se encontró con unas instalaciones abarrotadas de personas. Había gente en cualquier pequeño espacio hacia el que uno mirara: adultos mayores sentados, familiares de pie sosteniendo expedientes, pacientes en edad productiva que llevaban horas en la misma silla sin que nadie los llamara. Aquello parecía más un mercado persa que una instalación médica.

Juana, abrumada por su tragedia personal, no podía ni imaginar el calvario que desde aquella primera cita tendría que afrontar. Aquello pasó de una lucha contra una enfermedad mortal a una lucha de resistencia física y emocional.

La espera que desespera

Los pacientes con cáncer afrontan madrugadas mal dormidas y esperas extensas. Aunque la cita diga 7:00 a. m., muchas veces los médicos empiezan a atender después de las 9:00 a. m., porque primero deben evaluar a los hospitalizados. Hay quienes esperan más de 6 horas para que su especialista los evalúe.

Mientras Juana esperaba, escuchaba a varias personas quejarse: «Yo no entiendo para qué a uno lo citan temprano si lo van a atender a las mil y quinientas. ¿No sería mejor que lo citaran a uno más tarde en lugar de hacerlo madrugar por gusto?».

Como era su primera cita, Juana aún no entendía por qué la gente hablaba así. Pero con el pasar de las semanas constató que aquella frase repetitiva que escuchó en los atestados pasillos del hospital no era una queja: era una realidad. El paciente con cáncer no solo debe lidiar con las emociones y los malestares que acompañan a la enfermedad; también le toca aprender a practicar el don de la paciencia, porque desesperarse no es una opción. Más aun cuando los médicos tienen reunión. En ese caso la espera se extiende hasta horas de la tarde.

Cirugía y quimioterapia

Siete meses después de recibir el diagnóstico, al fin le dieron a Juana la orden para la cirugía para la extracción de la masa cancerosa que invadía su seno derecho. A pesar de todas las citas con diferentes especialistas y exámenes, y la larga espera, Juana sentía que el proceso había sido bastante rápido.

Al cabo de unos ocho meses, Juana ya había sido operada dos veces y dos meses después empezó el proceso de quimioterapias, que se extendió por unos 4 meses. Afortunadamente, la ciencia ha avanzado lo suficiente y ella no tuvo que enfrentar esos vómitos constantes que antaño padecían los pacientes. Hoy en día, los medicamentos inyectados durante la quimioterapia no causan tantos efectos secundarios. Es decir, sí tienen efectos, pero estos han cambiado y varían de persona a persona. Algunos, como Juana, pueden llegar a sentir desgano, inapetencia, mareos, aturdimiento, adormecimiento en manos y pies, hinchazón en diferentes partes del cuerpo, neuropatías, baja de la hemoglobina y de las defensas, por lo cual una buena alimentación, hacer ejercicio y un descanso adecuado son cruciales.

Tras su tercera operación, siete meses después de terminar las quimioterapias, le extrajeron 21 ganglios, de los cuales 11 dieron positivo para cáncer y 10 negativo, Juana empezó un nuevo capítulo contra la enfermedad, triste pero decidida a vencer. Ahora Juana debe iniciar el proceso de radioterapias y quimioterapia en pastillas — tres después del desayuno y otras tres con la cena—, en su cabeza retumban muchas preguntas: ¿qué nuevos malestares le provocará esta terapia?, ¿lograré superar la enfermedad? Las respuestas llegarán con los días, así que no le queda más que esperar a ver cómo reacciona su cuerpo.

Asegurada y afortunada, pero no todas corren con la misma suerte

Pese a todo, Juana se siente afortunada, pues, como trabaja y cotiza en la Caja de Seguro Social (CSS), no ha tenido que costear las citas, ni la cirugía, ni la mayoría de los medicamentos. Pero le tocó conocer a personas que no cuentan con ese beneficio y que deben ingeniárselas para costear los tratamientos.

La diferencia no es menor: según la dirección del ION, el 71% de los pacientes que atiende son asegurados de la CSS, mientras que el 29% restante no lo es. Ese 28% enfrenta la enfermedad con el peso adicional de pagar de su bolsillo la mayor parte del proceso.

Tocar la campana

Después de muchas citas y varias cirugías, Juana espera tocar la campana. Ese ritual, con el que los pacientes celebran el fin de su tratamiento oncológico. Ella espera superar la enfermedad.

Lo cierto es que este viacrucis le está enseñando a ser fuerte y tener entereza para afrontar el proceso, pues espera que el salir del hospital, con la campana todavía resonando en su cabeza.

Aunque el proceso aún no termina, Juana ya ha confirmado lo que ya sospechaba desde su primera madrugada en el hospital: aunque el cáncer es una enfermedad que puede matarte, también puede convertirse en la razón por la cual una familia entera puede unirse o separarse.

El cáncer de mama sigue siendo la primera causa oncológica en Panamá: las cifras oficiales del ION más recientes establecen que en 2023 éste representó el 21% de los casos, y en 2025 se proyectaron 1,301 casos nuevos, un aumento del 13.7% respecto al año anterior. El colon (7%) y el cérvix (8%) completan la lista de los cinco cánceres más frecuentes. Cada uno de esos porcentajes es una Juana que madruga, espera y, si tiene suerte, algún día toca la campana.
 

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