Bancaria
A finales de los años 60 del siglo pasado, por Suramérica circularon críticas a lo que llamaron educación bancaria. En clases de Sociología, se analizaron esos planteamientos, que buscaban modernizar los viejos métodos de enseñanza en la región. Se señalaba que los estudiantes de todos los niveles se pasaban horas y horas sentados en sus bancas escuchando las lecciones de los educadores. Recuerdo que como un chiste, se alegaba que al final de los cursos, realmente lo que había aumentado en los alumnos eran sus posaderas.
Las críticas no solamente se referían a mantener a los estudiantes sentados por horas, lo que causaba cansancio en el cuerpo y la mente. Las nuevas ideas educativas resaltaban que había que sacar a los alumnos de los salones para comprender y analizar su realidad socioeconómica. Se rechazaban las largas clases en las que se repetían ideas que a veces no se relacionaban con la sociedad en la cual vivían los alumnos. En esa época, muchos países de América Latina estaban en manos de gobiernos dictatoriales. Los niveles de pobreza eran altos y se decía que la educación no era para liberar a los pueblos, sino para mantenerlos bajo el control de sistemas políticos en los que unos cuantos se beneficiaban de las riquezas.
Por supuesto que esta teoría no prosperó. A mí me impresionó eso de sacar a los estudiantes de las aulas para que entendieran la realidad de la vida. Al comenzar a enseñar en la Universidad de Panamá, en el año 1972, puse en práctica esas modernas ideas educativas. Mantuve ese sistema de enseñanza durante cuarenta y tres años. Por ejemplo: en mis clases de Sociología, al hablar de la prostitución, visitábamos varias cantinas del viejo mercado público, donde con mucha seriedad los estudiantes conocían ese hecho social de boca de los protagonistas. Al referirme al Mercado como un sistema formal de venta de alimentos, los muchachos debían hacer escritos sobre lo que vieron y preguntaron a los vendedores y compradores.
Cuando se hablaba de la economía informal que es realizada por miles de panameños humildes, ellos la conocían en el Terraplén. En aquellos cursos de reportajes turísticos, íbamos a la antigua Avenida Balboa o al Casco Viejo. Además, tenían que señalar los sitios turísticos del lugar donde vivían. Al enseñarles cómo hacer las noticias, se les mandaba fuera del salón a efectuar entrevistas. Al final del semestre se acumulaban más de veinte noticias. Aunque Ud. no lo crea, fui objeto de burlas por algunos colegas. Uno decía "allí va Ortiz, la gallina con los pollitos...”.