Bendita locura
La sinestesia afecta a cerca del 14% de la población, según distintos estudios. Personas que al escuchar letras o números ven colores, que al oír una palabra son capaces de saborearla o que con solo un aroma pueden ver su infancia pasar por delante de sus ojos.
Podrían preguntarse “¿acaso estoy loco?” o “¿solo me pasa a mí?”. En otra época, a las personas que lo “padecían” se las habría tratado de locas. En la actualidad, la sinestesia se asocia a la creatividad, la genialidad o a una portentosa memoria.
Nuestras manías, miedos, rarezas y peculiaridades nos convierten en quienes somos en realidad. Para qué ocultarse si quien está a nuestro lado puede sentirse igual. El comportamiento más extraño o la idea más loca no son propiedad limitada. En ocasiones, el miedo a ser diferentes nos aleja de los demás porque esta vez podríamos ser nosotros los “raros”.
La intimidad crea un clima de alivio y la confianza ayuda a combatir, afrontar y compartir nuestras rarezas, nuestras locuras. Porque desaparecida la vergüenza, las rarezas se desvanecen y se convierten en normales. Lo importante no es tener una parte de locura, sino lo que hacemos con ella.
Tenemos necesidad de saber qué nos pasa. Médicos y psicólogos tienen sus manuales en los que ciertas peculiaridades son síntomas y tu forma de ser es una enfermedad. En la historia, la moral ha decidido qué puede y qué no puede considerarse una enfermedad. Hace apenas 26 años que la homosexualidad dejó de ser catalogada como tal por la Organización Mundial de la Salud.
No hay nada que separe la razón de la locura. Formamos parte de un mundo en el que pasar horas frente al televisor es normal, anteponer la juventud a la sabiduría es normal, dar más valor a un título que a aprender es normal y donde si te detienes a ayudar a una persona mayor, eres raro; donde si lees por gusto, eres raro, y donde si das sin esperar recibir nada a cambio, eres raro. Si ser normal significa comportarse como la mayoría, puede que estuviesen en lo cierto, pero de ser así, bendita locura.