Charcos
Como si fuera una novela de terror, en Panamá se repiten por años algunos acontecimientos que nadie se preocupa por aprovecharlos para solucionar los problemas. Ese es el caso de las sequías y las lluvias. Hace meses, veíamos en los medios espantosos ambientes desolados en el llamado “Arco Seco” de Azuero. Impresionaban imágenes de ganado flaco, moribundo por falta de comida y agua. Los dueños de fincas buscaban apoyo del Gobierno para evitar los estragos de la sequía, que le echarían la culpa al Niño , la Niña, en fin, el cambio climático.
Ahora las imágenes periodísticas cambiaron. Muestran toneladas de agua corriendo sin control en los ríos y parajes. Casas inundadas, decenas de familias afectadas por perder sus enseres son el pan de cada día. Los que tenemos años hemos visto este contraste climático hace tiempo. Sobre sequías en Azuero, historiadores tienen constancia de ellas… ¡desde hace cien años! Eso significa que no son de ahora sino antiguas… La pregunta es ¿Por qué los gobiernos de hace años y los propios ganaderos y agricultores no han hecho algo para controlar este trágico ciclo? Existen fórmulas para disminuir los daños de las sequías que no son complicadas. Nada de instalar máquinas para quitarle la sal al agua del mar y llevarla a pueblos y fincas. Me parece que es más sencillo guardar parte de esa agua que ahora se bota en el mar.
En otros países como Colombia, he visto en fincas charcos o pequeñas lagunas formadas con el agua lluvia del invierno. En cantidad adecuada servirán para los secos días del verano, tanto para animales como seres humanos. También se habla de crear “tapas” a lo largo de ciertos ríos antes del verano, para contener miles de galones de agua lluvia. En la era moderna, países como Israel no desperdician ningún tipo de agua y por eso son buenos productores en ese territorio arenoso. Hasta se puede lograr agua con sistemas de “tele araña” que recogen las gotas del rocío nocturno… Esta idea de aprovechar el agua de las lluvias tiene miles de años. En la ciudad sagrada de los indios en Machu Pichu, Perú, se muestra a los turistas un sistema de almacenamiento de agua lluvia que daba origen a un rudimentario pero efectivo acueducto. Si mal no recuerdo, en la antigua Roma y otras ciudades igual se aprovechaban las lluvias.
Todavía llueve en nuestro país lleno de gente que se lamenta y protesta por sequías y las inundaciones. Lo que falta es creatividad (¿?) para aprovechar ese líquido. Así después no tendrían que estar armando un escándalo noticioso para que otros les resuelvan sus problemas…