El discurso que esclavizó a los panameños
Existe una realidad que he aprendido con los años: el hombre es esclavo de sus palabras. Y si hay un ámbito lleno de palabras es un discurso. Releyendo el discurso de toma de posesión del presidente Juan Carlos Varela, debo reconocer que se esclavizó a sus palabras.
Hermosas frases, todas las que emitió, hay que decirlo. Dijo cosas como estas: "Era de paz, tolerancia"; "instalar un gobierno honesto"; "solucionar problemas, no crearlos"; "mantener crecimiento económico"; "nadie está por encima de la ley"; "ser el presidente de TODOS los panameños"; "la corrupción no será tolerada en nuestro gobierno"; "la esperanza regresará a los barrios". Bello. Bellísimo. Y sin embargo, me pregunto: “¿Dónde quedó "El Pueblo Primero" al que llama "su credo"?
No es difícil, luego de ver el rumbo que tiene nuestro país después de 2 años, de escuchar a nuestros hermanos panameños sufrir por la falta de oportunidades, el desempleo que crece pasando de pleno empleo en el quinquenio pasado 4.62 a un 5.45 previsto, sentir la inseguridad que golpea y tiñe de luto nuestra Patria, el transporte que en vez de mejorar es todo lo contrario, la falta de medicamentos, la CSS rumbo al despeñadero..., hacer un diagnóstico y decir en voz alta lo que muchos sienten: la vieja política nos volvió a engañar porque muchos votaron por el "menos" malo. Ahí sí los votantes esclavizaron su futuro.
Sin embargo, nosotros, los panameños también tenemos que asumir nuestra responsabilidad. Debemos prepararnos, participar activamente, alzar nuestra voz, no simplemente quejarnos porque para lograr una transformación real debemos proponer.
Ha llegado la hora de que hombres y mujeres pasemos de la protesta a la propuesta. La queja y la indignación no sirven de nada si no llevamos propuestas y acciones. Basta ya de seguir cayendo en espejismos y promesas sin límites que luego se convierten en desilusiones. Basta ya de vender nuestro futuro al mejor postor o al menos malo.
Hagamos cada día algo por nuestra Patria, por nuestros hermanos, por nuestras familias. Sr. presidente, lo que dice, hace y piensa no parecen coincidir entre sí y es momento de que empiece a escuchar a todas las fuerzas políticas e independientes porque este barco se llama Panamá, y no lo puede destruir cual finca privada.
Su Gabinete, además, lamento decirlo, deja mucho que desear.
Sr. presidente, la brecha entre el discurso y la realidad de los panameños seguirá abriéndose mientras el Gobierno no tenga la humildad de reconocer sus errores. Recuerde que las palabras esclavizan, que está encadenado a lo que dice y es de personas de honor mantener la palabra dada.
¡Aún estamos a tiempo para evitar cancelar nuestro futuro! Recuerde que escuchar a la sabiduría popular es fundamental para enmendar errores. Escuche para cambiar o calle para no esclavizarse a lo que no piensa o no puede cumplir.