El sorprendente Alcides Ortega Reyes
La mayoría de la población rural panameña está de balde, porque así los han mantenido los gobiernos y este más que todos. Para los mandatarios lentos y con cero planificación les es maravilloso traer la comida de afuera y que la compren citadinos y campesinos, si al fin y al cabo el populismo se maneja perfectamente con la comida y es más fácil que cumplir con la obligación constitucional de procurarle trabajo a los ciudadanos.
Pero existen en el campo personas con actitud positiva y un espíritu enorme como Alcides, que produce porque lo lleva en la sangre y que aprendió con sus padres, a medida que se le encallecían las manos, el ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo producir? y ¿cómo distribuir de antemano?... Créanme que para este Gobierno tan normal, los panameños como Alcides Ortega son unos “perfectos desconocidos”.
Al entrar a El Copé, usted se dará cuenta que el hombre de los cítricos y las verduras es Alcides Ortega Reyes. La yuca, la papaya y el café se han constituido en las últimas ilusiones de Don Alcides, que no se detiene, me comentó su nuera, que ya es una experta vendiendo frutas en la caseta del suegro.
Mil palos de yucas no se fuman en pipa y Don Ortega Reyes los planta, los cuida y los vende; los siembros de papayas pasan de 400 y estima que antes de las elecciones las estará vendiendo.
A la gente del campo les aflijen mucho los cambios que les exigen los entornos políticos, sociales, culturales y globales, es por eso que no dudo que en menos de 10 años, si no vuelve un gobierno emprendedor, les estarán regalando a los campesinos sillas mecedoras como las que yo hago en La Pintada de Coclé, para que los sabios gubernamentales midan la posibilidad de que ronquen un poquito más de lo que duermen.
Los papagayos internacionales estiman que para el 2020 un 50% de la fuerza laboral estará integrada por la generación que sueña en grande, pero no veo ninguna oficina gubernamental incentivando a despertar de ese sueño a nadie. Y es que los tipos como Alcides ya comenzaron a comerse el arroz ajeno y dentro de pocos años no levantará ni las “patas”, como decía Bolívar Barrios.
No tengo la cifra exacta de cuántos ingenieros agrónomos tenemos refrigerándose en las oficinas o paseándose con el costosísimo parque vehicular, menos visitando a la gente clave para apoyarlos a producir, aunque sea el 10 por ciento de lo que hace Alcides Ortega.