Embarazos precoces
El problema de los embarazos precoces en niñas y adolescentes ha sido ignorado por muchos años por la sociedad panameña, aduciendo que tales hechos eran situaciones aisladas que solo se daban entre la canalla y que las niñas de bien estaban exentas de esos pecadillos o metidas de pata.
Nada más falso, este es un flagelo que se ha pretendido mantener oculto basado en una falsa moral e hipocresía social, pero el problema ha hecho crisis, cuando vemos a estudiantes embarazas asistiendo a clases y el dramático aumento en las cifras de abortos e infanticidios.
El problema tiene orígenes multifactoriales, tales como la pobreza, la falta de educación sexual, núcleo familiar desintegrado, hogares disfuncionales, la influencia nociva de la programación de medios audiovisuales que rinden culto a la promiscuidad sexual, ausencia de valores etc., etc., los que crean el caldo de cultivo que desemboca en esta problemática que afecta no solo a jóvenes, sino a niñas.
Al ser el origen multicausal, así mismo deben ser los remedios en los que el Gobierno Nacional, las organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación social, la propia familia, en fin, cada uno de los panameños, deben jugar un papel.
Es necesario que se dé una discusión seria y amplia con el fin de buscar consensos y desarrollar una ley sobre salud sexual y reproductiva; además, los medios debemos poner de nuestra parte para eliminar toda la podredumbre audiovisual que fomenta valores deformados de la vida, basados en el hedonismo y el inmediatismo.
El proyecto de ley 61, que busca dotar de un régimen jurídico para la educación sexual, debe ser discutido como parte de una agenda nacional para salvar a nuestra juventud no solo de los embarazos precoces, sino de la drogadicción, el alcoholismo y otros estilos de vida parasitarios.
Que los ministerios de Educación, Salud y Juventud se pongan las pilas para atacar la problemática antes de que sea demasiado tarde.