Frankenstein político
Cual Víctor Frankenstein de la literatura de terror, el presidente Juan Carlos Varela ha dado vida a una criatura monstruosa que amenaza con acabar con las instituciones democráticas y las libertades públicas, se trata del Consejo de Seguridad Nacional.
Este ente se ha constituido en un ser con voluntad y designio propio; y su creador –Varela- se ha convertido, al parecer, en un complaciente rehén de las acciones que toma el organismo, ninguna de las cuales va en beneficio de la sociedad panameña.
Los militares que componen este organismo se han convertido en un verdadero poder detrás del mandato formal que ostenta el presidente de la República.
Así como el Frankenstein literario tuvo en Igor el desmedrado pero eficaz ayudante, en la creación de su monstruoso ser, alias “Picuiro”, cabeza visible de esta corporación torcida, también tiene eficaces ayudantes, que son la procuraduría, los fiscales, los sapos que están en la calle viéndolo todo, la Dirección General de Ingresos y sus inspectores, que les ayudan en su faena de terror.
Además se han creado varios tentáculos de sapería que mediante el miedo se aseguran la lealtad de los estamentos de seguridad, lo que ha generado un clima de desconfianza generalizada a lo interno de estos estamentos, que repercute directamente en la efectividad de su función como entes de seguridad pública.
La detención de unidades policiales sin que exista una versión oficial de las mismas, en abierta violación a garantías legales y constitucionales, demuestra que estamos en poder de esta criatura antidemocrática.
No es un secreto que periodistas, comentaristas, figuras de televisión, dirigentes de la oposición e independientes, así como abogados, han sido víctimas de amenazas, visitas de amedrentamiento y seguimientos.
Que no se engañe la sociedad, el poder detrás del trono es un círculo cero militar, que actúa –hasta que los panameños queramos- con impunidad, al amparo de una subordinación meramente formal al mandatario.