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Infiernillo político

Por: Ramón Jiménez Vélez -

Bueno, bueno, las elecciones de El Bebedero, los programas sociales gubernamentales con sumas multimillonarias, un posible aspirante presidencial y las obras públicas con megaproyectos, han abierto la discusión sobre el llamado clientelismo en la política.

Por cierto que clientelismo proviene de la relación económica política de la antigua Roma, de plebeyos que depositaban sus intereses y esperanzas en un político, poniéndose bajo su protección a cambio del voto.

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De paso se trató de generar fidelidades y gratitudes en la población para que respalde políticas o candidaturas electorales.

Un trueque de votos por bienes y servicios o la cesión de prebendas a cambio del voto.

Por ello, el clientelismo existe en todos los sistemas políticos. Y su mayor o menor impacto depende del nivel democrático y de cultura política de la sociedad.

Los programas de gobierno, las ofertas electorales constituyen un modelo clientelista. Uno en el ejercicio del poder por el beneficio que otorga y el otro explicando cuál sería su comportamiento llegado al poder. Ambos intentan obtener votos.

Sin embargo, la acción gubernativa es presente, beneficio directo. La oferta electoral es una promesa a futuro que puede cumplirse o no, ya sea por irrealizable o el no deseo de ejecutarse.

El clientelismo puede operarse a través del caciquismo (líder o candidatos menores) o la llamada

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