Nepotismo
Redacción
El Gobierno se vendió en campaña con su eslogan: El pueblo primero. Pero el nepotismo rampante y descarado parece indicar que el lema se cambió al llegar al poder por el de: ¡La familia primero!
Hay ministros, alcaldes y directores de entidades que sin sonrojo nombran en las propias entidades que regentan a sobrinos, hermanos, cuñadas, primos y cuanto pariente exista en el árbol genealógico.
No hay disimulo y les importa un comino la opinión pública. Se incluye en la planilla oficial a parientes con altos salarios de 4 mil a 6 mil dólares, mientras que a humildes militantes de sus propios partidos los mantienen como pelota de ping-pong, de oficina en oficina, rogando por un nombramiento de 400 dólares.
Es triste el espectáculo de estos viejos y probados copartidarios de lo que ahora gozan del poder, quienes ven cómo los “nepotes” o sea familiares de ministros y altos burócratas, sin trayectoria y muchas veces hasta de partidos contrarios, son nombrados en cargos para los cuales no tienen preparación alguna.
El Código de Ética del Servidor Público, que está vigente, es claro al señalar que incurre en acto de corrupción y prácticas antiéticas el funcionario con mando y jurisdicción que nombre a su parentela en cargos remunerados, como es lo que está sucediendo con la actual administración.
El nepotismo es una odiosa práctica que debe ser extirpada de la política, sin embargo, el nombramiento de funcionarios con lazos de consanguinidad y afinidad con el jefecito de turno nos dice que el actual gobierno no va acabar con esta inmoralidad, sino que la va a fortalecer. ¿Dónde quedó la meritocracia? Ese debe ser el rasero para nombrar o promover al funcionario en la administración pública.