Para evitar un gol
Con estilo sin igual surge el extremo derecho, mata el balón con el pecho y hace un pase magistral. Se acerca al área
Hermano Pablo
Con estilo sin igual
surge el extremo derecho,
mata el balón con el pecho
y hace un pase magistral.
Se acerca al área rival
derrochando jiribilla
que a los contrarios humilla;
pero el central no se asusta,
y sin pensarlo le incrusta
los tacos en la rodilla.
El árbitro se concreta
a señalar la infracción.
(Si fue negra la intención,
amarilla es la tarjeta.)
Y claro que nadie objeta,
ya que es cosa comprobada
que si el árbitro se enfada,
la consecuencia es funesta:
para el pobre que protesta
la tarjeta es colorada.
Pero falta lo mejor:
el agreste comentario
de un estólido gregario
que se llama locutor.
Porque el ínclito señor
aprueba la felonía
diciendo, sin ironía,
que es bendita la patada
que impidió fuera violada
la virginal portería.
Lo cual, en lenguaje llano,
sin eufemismos al dorso,
solo es patente de corso
que le otorgan al villano.
Y aunque parezca inhumano,
esto lo dice tal cual,
con aires de sinodal,
el cronista de fútbol:
que para evitar un gol
se vale ser animal.
Hay que reconocer que, más allá de su calidad literaria, el poema de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” tiene méritos en su contenido filosófico, ya que nos lleva a una reflexión bien merecida en torno al fútbol, que es el deporte considerado como el favorito del mundo. Lamentablemente hay cronistas, locutores y comentaristas del fútbol que, como señala Gómez Bolaños, son partidarios de tal o cual equipo al extremo de aprobar ante su público un acto de agresión en el campo de juego que se consideraría una ofensa en cualquier otro terreno.
Menos mal que Dios, a veces en calidad de árbitro, otras veces en calidad de comentarista de nuestras acciones en el campo de juego de la vida, no emplea esa misma táctica. Por el contrario, Él nos trata con equidad, imparcialidad y justicia porque es ecuánime, imparcial y justo por naturaleza.