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Peleona

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Desde hace meses expertos en la conducta humana y periodistas han captado un aumento notable en la falta de tolerancia y paciencia de algunos sectores del pueblo panameño. No se trata solamente de los cierres de calle por ciertas situaciones que pueden ser superficiales. Tampoco de piqueteos y protestas a través de las redes sociales y medios de comunicación. El asunto es tan serio que se han hecho públicos videos de niños y niñas escolares arreglando sus disgustos a puño y patadas. Ya no es noticia incidentes sangrientos que se dan entre vecinos molestos.

En los últimos días se ha notado un incremento de peleas entre personas que ni se conocen. Hacer un mal giro al manejar, quitarle el estacionamiento a otro en un "mall" puede dar lugar a descontroles emocionales que antes no se veían en este país. Se está haciendo común insultos y hasta golpes que se dan conductores llenos de tensión. Hay que ser honestos y señalar que no siempre los peleones son taxistas. Es conocido que a pesar de que Panamá tiene un elevado crecimiento económico, y que los millonarios nacionales y extranjeros se les puede ver circulando por esta ciudad, oficialmente se sabe que un tercio de su población sufre de depresión, especialmente mujeres, jóvenes y hasta niños.

No se le puede echar la culpa de este aumento de la hostilidad ciudadana a determinado gobierno. Pero esta realidad merece mayor atención de los expertos porque afecta la convivencia que es básica para el desarrollo de cualquier país. Algunos dicen que la tensión es por los problemas de circulación que sufrimos. Hace pocos años los tranques en la ciudad eran algo raro. Ahora lo extraño es que se pueda circular por la ciudad sin tranques. También indican que los panameños estamos perdiendo el control porque el costo de la vida está caro. Mientras hay alarmas sanitarias porque más de la mitad de los jóvenes tienen sobrepeso. La otra cara de la moneda es medio millón de panameños que viven con menos de un dólar al día. La desnutrición golpea a miles de niños pobres, especialmente en las comarcas indígenas.

Un hecho que confirma que Panamá se está convirtiendo en una sociedad peleona es el aumento de la violencia doméstica. A pesar de tantas cosas buenas que tenemos estamos desarrollando un desequilibrio social. Ver a un niño de diez años con un revólver asaltando una tienda nos está advirtiendo que de poco valen los edificios lujosos, miles de autos nuevos en las calles y los centros comerciales con la última moda… si la familia no funciona.

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