Pesadilla
P ensamos que por ser un día de semana podríamos hacer un rápido viaje de turismo interno a Cerro Campana y Chicá. Era una tarde radiante de
Milcíades Ortiz
P ensamos que por ser un día de semana podríamos hacer un rápido viaje de turismo interno a Cerro Campana y Chicá. Era una tarde radiante de "verano" en pleno invierno. Una suave brisa convertía el cerro en un lugar mágico, donde uno quisiera dormir por horas en una hamaca. La vía es perfecta. Mejor que algunas de San Francisco y Pueblo Nuevo, con buenas señalizaciones. Mi mente se fue por el "túnel del tiempo" a más de 60 años atrás. Cerro Campana luchaba por convertirse en una alternativa fresca cercana a la capital, una hora menos que El Valle de Antón. Varias casas campestres embellecían el paisaje. Contaban con todas las comodidades. Valientes excursionistas subían hasta "la curumbita" del enorme cerro de piedra.
Había que caminar con cuidado. Era conocido que en esa maleza habitaban las víboras más venenosas de Panamá. El paisaje parecido a montañas de Suiza y la brisa fresca justificaban transitar por una carretera llena de huecos, "con más curvas que la artista mexicana Tongolele", según un chiste de la época. Tanta belleza fue destruida por unos sinvergüenzas. Apenas dejaban las viviendas sus dueños... se hurtaban hasta los servicios higiénicos. Las autoridades no pudieron detener el saqueo... y Cerro Campana fue perdiendo su atractivo. Recuerdo conferencias de prensa en un simpático hotelito de montaña. Hasta se filmó una película de guerra en sus cerros, llamada "Los desnudos y los Muertos".
Por años este paraíso cayó en un limbo. Hace años se le hizo una buena carretera y se le declaró Parque Nacional y la gente volvió a visitarlo. Esto favoreció al viejo poblado de Chicá, famoso antes por sus dulces naranjas. Disfrutamos de todo este paisaje y conocimos que hicieron una vía de salida que llega a Chame. La utilizamos y realmente tenía sus subidas y bajadas de cuidado. Entonces regresamos a la ciudad y comenzó... ¡la pesadilla! No era de noche y caímos en un fastidioso "tranque" kilómetros después del puente Centenario. No éramos los únicos. Miles de autos salían de la ciudad hacia el interior. También sufrieron los que nos dijeron era la "realidad de todos los días".
No vimos policías que se lucieran ayudando a los sufridos conductores. Enormes camiones "volaban" por la vía sin control. Unos 10 autos estaban dañados al costado de la carretera. Lamentamos que no hubiese un metro allí...