Todavía
La señora dijo que era una profesora y que sus alumnos que trabajaban eran mejores que los otros. Estaba en una fila de un supermercado de la capital y no había quién colocara la mercancía en bolsas. Todavía el tema del trabajo infantil y juvenil está en el ambiente nacional. Por lo general, las personas critican que disposiciones legales están impidiendo que trabajen muchachos en actividades que no tienen nada de riesgos.
Soy de las personas que están de acuerdo con el trabajo infantil y juvenil, pero no la explotación de menores. Desde hace muchos años he investigado casos y nunca he encontrado personas traumatizadas porque trabajaron de niños. Esas averiguaciones en el aspecto sociológico abarcaron niveles bajos y altos de la sociedad. Hablé con millonarios que cuando niños vendieron ropa y hasta limpiaron servicios. Varios lo hicieron en negocios de sus padres y otros no. Ninguno dio muestras de resentimiento, disgusto, ni afectaciones psicológicas.
En el otro extremo conversé con humildes campesinos que llevaban a sus chiquillos a las labores del campo. Los pelaos cargaban agua, recipientes de comida y también le entraban a machetazos a la maleza como lo hacían sus padres. Estos me aseguraron que de esa manera los hijos sabían cómo se ganaba la vida el papá de manera honrada. Y se preparaban para ser trabajadores y no flojos. Respecto al lugar de residencia no crean que ese trabajo solo ocurre en las comarcas y el interior del país. También en las ciudades.
Por lo general el niño puede ayudar a la familia cuando son pobres, pero repito, esto lo he visto en gente rica. Seguimos analizando esta realidad y hay que indicar que en otros países como Estados Unidos existe el trabajo como un valor. En Panamá si un niño lo ven trabajando habrá personas que piensen que hay problemas económicos en esa familia, o que abusan del niño y “no lo dejan vivir su infancia”… Tal vez por eso tenemos más de doscientos mil jóvenes ninis, que no estudian ni trabajan y viven de sus padres… (¡Pechugones!).
He conocido casos de jóvenes que trabajan para pagarse la Universidad. En Volcán sobran ejemplos de meseras (os) que ahora son profesionales gracias a que trabajaron temprano. Y no tienen ninguna vergüenza de decirlo. Igual me enteré de negocios donde esconden a jóvenes que necesitan trabajar, por miedo a que las autoridades los multen. Todo en exceso es malo. No a la explotación del trabajo infantil. Sí a que trabajen jovencitos en actividades propias de su edad. (Es mejor esto a que busquen las pandillas…).