Verdad oculta
Un pequeño error nunca lleva a una verdad, un error siempre conduce a otro error mayor. Esto nos lleva a ver cómo la gente, repleta
Carlos Singares e Itzel Santos
Un pequeño error nunca lleva a una verdad, un error siempre conduce a otro error mayor. Esto nos lleva a ver cómo la gente, repleta de mala doctrina no cristiana, anda más perdida que el hijo de Lindbergh, extraviadas en ideas que constituyen blasfemias contra Dios.
El error comienza en las enseñanzas antibíblica de los pastores, escuelitas dominicales y teleevangelistas que parecen agitadores cubanos, arengando consignas para que los fieles saquen plata de sus bolsillos.
Horrorizado veo y escucho al supuesto pueblo de Dios, maldiciendo, pidiendo que Dios derrame la sangre de sus enemigos, rompiéndole los cachos a satanás y haciéndole un nudo en su cola, hasta conozco a una mujer que “ató” a Dios para que no lloviera. En sus iglesias les enseñan a orar para exterminar a los adversarios que les hacen la vida de cuadritos en el trabajo, la escuela o en el barrio.
“Bendigan a quienes los maldicen”, dice el Señor; “pongan la otra mejilla”, si los cachetean y “perdonad a los que os aborrecen”. Estas enseñanzas son echadas en saco roto y se olvidan con facilidad en las mentes de los que tienen una doctrina débil o prácticamente inexistente, son bebés espirituales.
No podemos ser cristianos del FBI: mudos y que nadie conoce nuestra identidad como ciudadanos del Reino de los Cielos.
Quizá lo más triste de esta tragedia cristiana es que la gente cree que es salva porque pasaron al frente y “aceptaron a Cristo”; los mismos pastores les ocultan la verdad: para ser salvos tienen que arrepentirse y nacer de nuevo, deben conocer a Dios estudiando la Biblia.
Es hora de romper el engaño es hora de decir la verdad: solo se es salvo si Cristo ha cambiado tu vida. Amén.