Incertidumbre entre las familias marroquíes que buscan a los suyos en Ceuta
Unas 60,000 personas cruzaron la frontera en apenas 24 horas en la peor crisis migratoria entre Marruecos y España.
"No quiero nada, solo que mi hijo vuelva conmigo". Es el grito desesperado de una madre marroquí que espera en la frontera con Ceuta noticias sobre el paradero de su hijo, días después de la entrada masiva de migrantes a la ciudad española.
Como ella, varias familias esperan alguna información en la frontera. Entre llamadas de teléfono, conversaciones nerviosas y preguntas a los migrantes que todavía este sábado regresan a Fnideq (Castillejos en castellano) transcurre su jornada.
Unas 60,000 personas cruzaron la frontera en apenas 24 horas en la peor crisis migratoria entre Marruecos y España; al menos 67 han muerto en el intento, en su mayoría ahogados, según las autoridades españolas.
Marruecos no ha informado de rescates, víctimas, heridos o desaparecidos en su territorio.
Algunas mujeres apoyan las manos en la malla metálica del paso fronterizo y miran al horizonte con la esperanza de distinguir la silueta de un hijo retornando por el espigón al otro lado de la frontera.
Otras permanecen sentadas sobre el pequeño muro que bordea la carretera costera que conduce al paso a Ceuta, cerca de uno de los accesos por los que se van saliendo los jóvenes que regresan tras pasar una o dos noches en el enclave español.
Cuando llegan los jóvenes, varias madres se acercan para preguntar si han visto a sus familias o pueden dar alguna noticia. Mientras, otros mantienen el teléfono en la mano, pendientes de una llamada desde Ceuta que rompa la incertidumbre.
Malas noticias
Un hombre que espera en la frontera ha recibido la peor noticia desde Ceuta. Una llamada confirma el hallazgo del cuerpo de su tío que, pese a su edad avanzada, había intentado llegar nadando a Ceuta.
"Que Dios tenga misericordia de él", dijo una mujer mientras daba el pésame. Todavía consternada, explicó a EFE que ahora tratarán de iniciar los trámites para la repatriación del cadáver y darle sepultura en Marruecos.
A pocos metros, otras personas continúan esperando noticias. Sentada sobre el pequeño muro junto a la carretera costera, Karima (nombre ficticio) aguarda cualquier información sobre su marido. Desde el jueves no sabe nada de él, ni tampoco si ha logrado cruzar hacia Ceuta.
Muy cerca de ella, una mujer de unos cuarenta años espera junto a su marido y su hija. Han viajado desde un pueblo de montaña de la provincia de Tetuán (norte) para buscar a su hijo, de 21 años, que el jueves se desplazó hasta Castillejos con la intención de cruzar a Ceuta. Desde entonces, no han vuelto a tener noticias de él.
"No quiero nada, solo que mi hijo vuelva conmigo", dijo a EFE entre lágrimas.
La mujer explicó que, desde que la familia perdió su vivienda en las inundaciones que el pasado invierno golpearon el norte de Marruecos, el joven no dejaba de hablar de emigrar a España.
Asegura que no veía motivos para que abandonara el país, trató de convencerlo de que desistiera de esa idea, pero no logró hacerle cambiar de opinión.
"Solo Dios sabe lo que estamos pasando", intervino otra mujer, también en la cuarentena, que aguardaba en el mismo lugar.
Contó que su hijo, de 17 años, salió la víspera de madrugada hacia Ceuta nadando junto a varios amigos. Pasó la noche a la intemperie y este viernes consiguió llamar a su madre con el teléfono de otra persona para decirle que regresaría ese mismo día. Por eso acudió hasta la frontera para esperarlo.
"A mi hijo no le faltaba de nada; comía, bebía y tenía dónde dormir. Pero aun así se le metió en la cabeza lo de emigrar, porque escuchaba a gente que contaba que se había marchado y que, al poco tiempo, había mejorado su situación", cuenta.
Pasan las horas y el goteo de los retornados continúa. Tendrán que responder las mismas preguntas de las familias sobre aquellos que no han regresado.
