¿Ayudas a tu pareja al llegar del trabajo? La realidad panameña en cifras
Analistas coinciden en que la educación desde la infancia y la flexibilización de licencias de paternidad y de cuidado familiar son pasos clave para consolidar un modelo donde el trabajo en casa se distribuya de forma justa.
Llegar a casa después de una jornada laboral de ocho o diez horas en el tráfico de la capital o el interior panameño no marca el fin del trabajo para miles de familias. Al cruzar la puerta comienzan la cocina, el fregado, la limpieza, el cuidado de los niños o de los adultos mayores y la preparación del uniforme escolar para el día siguiente.
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Aunque en la sociedad panameña persiste la idea de que el hombre que realiza estas tareas está "ayudando" a su pareja, especialistas en sociología y equidad social advierten que el concepto de la "ayuda" es insuficiente. Lo que las familias panameñas necesitan para mantener un equilibrio emocional y económico es corresponsabilidad: la distribución equitativa de las tareas del hogar como un compromiso compartido por ambos géneros.
La realidad panameña en cifras
En Panamá, la incorporación de la mujer al mercado laboral ha aumentado sostenidamente en las últimas décadas. Sin embargo, la distribución de los trabajos del hogar y de cuidados no ha evolucionado al mismo ritmo.
De acuerdo con los datos de la Encuesta del Uso del Tiempo (EUT) realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) de la Contraloría General de la República, las mujeres panameñas dedican en promedio más del doble de horas semanales al trabajo doméstico no remunerado y de cuidados en comparación con los hombres, aun cuando ambas partes del hogar trabajen a tiempo completo en el sector formal o informal.
Esta disparidad genera el fenómeno conocido como la segunda jornada o doble carga laboral, en la cual la mujer finaliza su empleo remunerado para iniciar otro ciclo de labor no pagada en el hogar.
De la "ayuda" a la corresponsabilidad
Expertos señalan que el lenguaje refleja la estructura del hogar. Afirmar que un hombre "ayuda" a su pareja implica admitir implícitamente que la responsabilidad primaria recae de forma natural en la mujer y que la participación masculina es una concesión voluntaria o un favor.
Por el contrario, la corresponsabilidad plantea que las labores del hogar —cocinar, limpiar, gestionar los gastos, cuidar de los hijos o enfermos— son obligaciones inherentes a la convivencia y al mantenimiento de una familia, independientemente de quién genere los ingresos principales.
Cuando ambos miembros de la pareja asumen el trabajo doméstico como un equipo:
- Disminuye el agotamiento físico y mental: Se reduce el estrés derivado de la sobrecarga de tareas.
- Mejora la estabilidad económica: Permite a ambos cónyuges disponer de tiempo para la capacitación técnica, profesional o el descanso productivo.
- Se transforman los patrones culturales: Los hijos criados en hogares corresponsables reproducen modelos de equidad y autonomía funcional.
El reto cultural y estructural en Panamá
Superar la brecha del trabajo no remunerado requiere más que disposición individual; demanda un cambio cultural y políticas públicas institucionales. En Panamá, iniciativas impulsadas por el Ministerio de la Mujer y organismos internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) buscan visibilizar el valor económico del trabajo doméstico no remunerado, el cual representa un porcentaje significativo del Producto Interno Bruto (PIB) no contabilizado en las cuentas nacionales tradicionales.
Analistas coinciden en que la educación desde la infancia y la flexibilización de licencias de paternidad y de cuidado familiar son pasos clave para consolidar un modelo donde el trabajo en casa se distribuya de forma justa, permitiendo que tras la jornada laboral, el retorno al hogar sea un espacio de corresponsabilidad y descanso compartido.

