Ilda Salinas saca adelante a sus hijos con café orgánico en la comarca
Su rutina arranca desde temprano, recolectando el café, secándolo al sol y procesándolo de forma artesanal.
Ilda Salinas, de 57 años, pasa sus días entre matas de café, vistiendo su nagua tradicional, en una pequeña parcela en la Comarca Ngäbe-Buglé, donde se encarga de todo el proceso: cosecha, secado, pilado, tostado y molienda del grano.
Salinas es una de las 16,307 mujeres beneficiarias del programa Red de Oportunidades del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) que desarrollan emprendimientos sostenibles en esta región del país. Con este emprendimiento está educando a sus hijos.
La faena inicia cuando Ilda recolecta los granos, los deja secar y luego los lleva al pilón de madera, donde, a fuerza de mazo, les retira la cáscara. Después los tuesta en una olla, donde el grano cambia de color y comienza a soltar ese olor intenso que caracteriza al café Ngäbe.
Una vez tostado, lo muele hasta convertirlo en polvo fino. Entonces sí, el café está listo para prepararse y servirse.
En la entrada de su vivienda, ubicada en el corregimiento de Peña Blanca, un letrero resume su filosofía de vida: “El café es un bálsamo para el corazón y el espíritu”. La frase refleja la importancia que este cultivo tiene para su familia.
Con más de una década dedicada a la cosecha del café, doña Ilda ha logrado llevar a dos de sus cuatro hijos a la universidad. Gracias a la venta del grano, su hija Onelia, de 22 años, cursa el tercer año de la licenciatura en educación primaria, mientras que su hijo Marcoche estudia un profesorado en educación media, ambos en la Universidad Autónoma de Chiriquí (Unachi).
En tanto, su hijo menor, Abidel Salinas, de 18 años, cursa el cuarto año del bachillerato en ciencias.
Ilda es una mujer con metas claras. Solo cursó hasta segundo grado de primaria, pero tiene un objetivo firme: que sus hijos sean profesionales. Para lograrlo, no duda en internarse cada día en los cafetales, sin importar las condiciones que le depare el día.
Actualmente cultiva más de 2,000 matas de café, que le generan alrededor de 600 libras de café al año. Este grano lo comercializa a tres dólares la libra, lo que le permite sostener a su familia y continuar invirtiendo en la educación de sus hijos.
Su jornada inicia antes del amanecer. Entre sus labores diarias están limpiar los cafetales, aplicar abonos orgánicos y cosechar los granos en temporada. Todo el proceso lo realiza de manera orgánica, gracias a las capacitaciones recibidas por el MIDES, que le han permitido elaborar fertilizantes libres de químicos y así agregar valor a su producción.
Hace un año, con apoyo de la transferencia económica del programa y los ingresos del café, decidió apostar por una variedad especial: el geisha, considerado uno de los cafés más finos del mundo.
Para cultivarlo, tuvo que sembrarlo en una parcela ubicada a dos horas de su hogar, en una zona más elevada. A pesar de las largas caminatas, la lluvia o el intenso sol, Ilda supervisa personalmente el crecimiento de sus plantas.
En poco tiempo ha logrado cosechar siete libras de esta variedad. Aunque la producción aún es limitada, lo considera un gran avance. Está convencida de que, en los próximos años, dominará este cultivo que ha alcanzado precios superiores a los 10 mil dólares por kilo en mercados internacionales.
Red de Oportunidades, impulsa el emprendimiento
A través del programa Red de Oportunidades, 42,591 panameños (en su mayoría mujeres) reciben apoyo económico que les permite garantizar la permanencia de sus hijos en el sistema educativo, especialmente en zonas vulnerables.
Cada año, el MIDES destina más de 24 millones de balboas en transferencias monetarias, dirigidas a cubrir necesidades básicas como útiles escolares y alimentación, contribuyendo así a reducir la deserción escolar.
Además del apoyo económico, el programa promueve el desarrollo de emprendimientos sostenibles mediante capacitaciones. Estas iniciativas han permitido empoderar a miles de mujeres rurales en actividades como la avicultura, acuicultura, agricultura de subsistencia, producción de tubérculos y elaboración de artesanías, bisutería, entre otros.
Los resultados son evidentes: mujeres que generan ingresos desde sus comunidades y familias que apuestan por la educación como vía de superación.
Ejemplo de ello es Edgar Rodríguez, de 12 años, quien obtuvo el segundo mejor promedio del Centro Educativo Cerro Otoe con 4.7. Su hermana Marelis, de 10 años, también figura en el cuadro de honor con un promedio de 4.4. Ambos son hijos de Olivia Montezuma, beneficiaria de Red de Oportunidades.
Otro caso es el de Yoalys Yarabis Rodríguez, de 8 años, estudiante de segundo grado en la Escuela de Hato Chamí, con un promedio de 4.6. Su madre, Mitzila Rodríguez, confecciona bisuterías con las transferencias que recibe del MIDES.
Todas estas historias tienen un elemento en común, familias beneficiarias de la Red de Oportunidades que, a través del esfuerzo y el trabajo, buscan salir adelante.
