Llegó su día: ¡Viva el Naza! El Cristo Negro al que Panamá le pide milagros
El Cristo Negro de Portobelo es mucho más que una imagen: es la fe de un pueblo que pide, promete y cumple sus mandas.
«¡Viva el Naza!» El grito se escucha entre la gente, se mezcla con las oraciones y sale del pecho de quienes llegan a Portobelo con el corazón lleno de esperanza.
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Unos van a pedir por la salud de su mamá; otros, por un hijo que atraviesa problemas, por trabajo o por una situación que les quita el sueño. También están los que regresan para dar las gracias.
Así se vive la devoción al Cristo Negro de Portobelo, el popular Naza, una de las figuras religiosas más queridas por el pueblo panameño.
Cada 21 de octubre, miles de creyentes llegan a este rincón de la provincia de Colón para acompañar al Nazareno, cumplir promesas y participar en una celebración que ha pasado de padres a hijos. Para muchos, no es una simple tradición: es una cita con alguien en quien depositan su fe.
¿Quién es el Naza y por qué lo quieren tanto?
El Naza es la imagen de Jesús Nazareno cargando la cruz, venerada en la iglesia de San Felipe de Portobelo de la provincia de Colón. Su piel oscura hizo que el pueblo lo bautizara como el Cristo Negro, un nombre que hoy identifica una devoción que traspasa generaciones.
Su historia se remonta a la época colonial, aunque no existe una versión histórica definitiva sobre cómo llegó a Portobelo.
Una de las leyendas más conocidas cuenta que la imagen viajaba en un barco que no lograba salir de la bahía debido a las tormentas. Después de varios intentos, la tripulación habría decidido dejarla en el poblado.
Otra versión habla de pescadores que encontraron la imagen en el mar y la llevaron a la iglesia.
No hay pruebas concluyentes que permitan confirmar estos relatos, pero para muchos devotos forman parte de la historia que rodea al Nazareno. Lo cierto es que su imagen quedó profundamente ligada a Portobelo y al sentimiento religioso de miles de panameños.
Los milagros que el pueblo le atribuye
Preguntarle a un devoto por qué cree en el Naza puede abrir la puerta a una historia personal. Hay quienes hablan de una enfermedad que enfrentaron en familia, de un hijo que logró salir de una situación difícil o de un problema que parecía no tener solución.
Los milagros que se le atribuyen al Cristo Negro están ligados, sobre todo, a la salud, la familia y las dificultades de la vida.
Entre las peticiones y agradecimientos más comunes están:
- Por la salud: pedir por una persona enferma o agradecer por su recuperación.
- Por los hijos: buscar protección para los muchachos y ayuda ante problemas personales.
- Por trabajo y sustento: encomendarse al Nazareno cuando falta el empleo o el dinero no alcanza.
- Por salir de un mal momento: pedir fuerzas para superar dificultades, dejar atrás adicciones o comenzar de nuevo.
- Por la familia: buscar tranquilidad en el hogar y protección para los seres queridos.
Cada creyente tiene su propia historia y su manera de interpretar lo que ha vivido. Estos relatos son testimonios de fe, no pruebas científicas de una intervención sobrenatural.
Uno de los nombres que también quedó asociado a esta devoción es el del salsero puertorriqueño Ismael Rivera, conocido como Maelo. Su canción El Nazareno ayudó a llevar esta expresión de fe más allá de Portobelo y convirtió al artista en una figura ligada a la tradición del Cristo Negro.
Las mandas: promesas que se hacen con el corazón
En Panamá, cuando alguien dice que tiene una manda con el Naza, no está hablando de cualquier promesa. Para esa persona, se trata de un compromiso que hizo al pedir un favor o de una manera de agradecer lo que considera una gracia recibida.
Por eso, cada octubre se ven peregrinos que llegan caminando, personas vestidas con túnicas moradas y creyentes que cargan cruces o realizan penitencias como parte de sus promesas.
Detrás de cada manda hay una historia que no siempre se cuenta en voz alta. Puede ser la angustia de una familia ante una enfermedad, la preocupación por un hijo o el agradecimiento por haber superado una etapa difícil.
Hay quienes llegan a pedir y quienes vuelven porque sienten que tienen una promesa pendiente con el Naza.
La devoción también se expresa acompañando la procesión, rezando, visitando la iglesia o manteniendo viva una tradición familiar. Las prácticas penitenciales deben realizarse sin poner en riesgo la salud.
Una caminata de fe que termina entre la multitud
Llegar a Portobelo no es igual para todos. Algunos peregrinos recorren largas distancias a pie; otros viajan desde diferentes provincias y hay quienes llegan del extranjero para participar en la celebración.
En el pueblo se encuentran familias completas, jóvenes, adultos mayores y personas que llevan años cumpliendo la misma tradición.
El momento más esperado es la procesión del Cristo Negro, cuando la imagen sale de la iglesia y recorre las calles acompañada por una multitud. Los fieles caminan junto al anda, rezan, cantan y esperan su momento para acercarse o expresar su devoción.
Las túnicas moradas, las velas, las cruces y las voces que se unen en medio del recorrido forman parte de una celebración que combina la fe católica con una tradición muy arraigada en la identidad panameña.
Para muchos, llegar hasta allí representa cumplir algo que llevan meses esperando. Para otros, es enseñarles a sus hijos una costumbre que aprendieron de sus propios padres.
¿Por qué vuelven cada año?
El Naza ocupa un lugar especial en la vida de sus devotos porque la relación con la imagen no termina cuando acaba la procesión. Muchos regresan cada año, aunque vivan lejos de Colón, porque sienten que deben cumplir una promesa o agradecer por una situación que consideran resuelta.
Otros llegan por primera vez, acompañando a un familiar o buscando consuelo en un momento complicado.
En Portobelo, la fe se expresa caminando, rezando, haciendo una manda y compartiendo con miles de personas que llegan movidas por sentimientos parecidos.
Y cuando el pueblo vuelve a gritar «¡Viva el Naza!», cada quien sabe qué lleva por dentro: una petición, una preocupación, una promesa o un agradecimiento.
Porque para quienes creen en el Cristo Negro, el viaje a Portobelo no es solamente una peregrinación. Es la manera de mantener viva una fe que, año tras año, los hace volver.

