¿Qué dicen los muertos? ¿Es real? Medium habla con ellos y los entiende
Jennice Cleghorn, ampliamente conocida en el ámbito espiritual como Médium Panamá, se mueve precisamente en esa frontera donde la ciencia calla y la fe duda.
Entre el escepticismo de quienes buscan explicaciones lógicas a todo y la confusión de un público que suele meter en el mismo saco a las brujas y la charlatanería de feria, el mundo de lo invisible siempre despierta intriga y suspicacia. ¿Será verdad todo lo que afirma o solo un juego de la mente?
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Jennice Cleghorn, ampliamente conocida en el ámbito espiritual como Médium Panamá, se mueve precisamente en esa frontera donde la ciencia calla y la fe duda. Madre de cuatro hijos, madrina de cientos y amiga de muchos, esta vidente y terapeuta psico-espiritual comparte su experiencia de vida para intentar dar respuesta a lo que hay más allá, abordando la evolución del alma, la dinámica de las energías desmaterializadas y el ejercicio de la clarividencia en la sociedad actual tan complicada que es Panamá.
La energía, el viaje del alma y los planos de evolución
Desde la perspectiva de Cleghorn, los seres humanos son fundamentalmente energía, comparables con el viento: no se puede ver, pero su presencia e intensidad se perciben con claridad. El cuerpo físico está compuesto en un 70% por agua y el resto por materia, funcionando como un transmisor y receptor constante de descargas y frecuencias energéticas.
Al momento de la muerte física, la energía individual abandona el recipiente material. El destino del alma tras el deceso depende del grado de evolución o involución alcanzado durante la vida terrenal:
- Evolución y planos: Una persona puede fallecer en el plano terrenal (considerado el plano 1) y, debido a sus procesos y aprendizaje, elevarse hasta el plano 10.
- Involución: Por el contrario, un individuo puede involucionar en vida debido a sus acciones, lo que limita su capacidad de ascender a planos superiores tras desencarnar.
- Percepción según creencias: La forma en que un alma desencarnada es percibida depende del sistema de creencias del observador. Alguien de crianza católica puede identificar la energía con figuras religiosas o familiares, mientras que un agnóstico podría interpretarla como un ente abstracto o incluso como una presencia extraterrestre.
La mediunidad directa y el trabajo mancomunado
A diferencia de otras corrientes o prácticas espirituales, Cleghorn ejerce una mediunidad directa: no requiere el uso de elementos externos como el tabaco, cartas ni tiradas de caracoles para establecer comunicación. La conexión se produce al abrir el campo energético y solicitar permiso al cuadro espiritual o seres guías de la persona.
Dentro de su labor como terapeuta psico-espiritual, establece lo que denomina una mancuerna energética:
- Guía espiritual: Los seres guías del consultante se comunican con los de la médium para señalar los bloqueos, conductas o relaciones que obstaculizan el camino de la persona.
- Efecto bidireccional: Al seguir los consejos y corregir aspectos en el plano material, el consultante no solo mejora su vida cotidiana, sino que también ayuda a sus propios espíritus guías a elevarse en los planos energéticos.
- Acceso remoto: Las sesiones se pueden realizar de manera presencial o mediante videollamada a distancia, manteniendo el mismo orden y efectividad al abrir el campo espiritual.
Clarividencia, entes involucionados y la naturaleza de las sombras
Ella sostiene que ha percibido espíritus desde su infancia, aprendiendo con los años a diferenciar entre personas vivas y seres desencarnados mediante la sensación de calor y vitalidad que emiten los cuerpos materiales.
Indica que las capacidades de apertura espiritual suelen manifestarse en etapas específicas del desarrollo (entre los 5 y 7 años, de los 17 a los 21, o a los 33 años).
En el ámbito de la visión espiritual, aclara diversos conceptos sobre las manifestaciones:
Formas de percepción: Los espíritus pueden manifestarse como sombras, destellos de luz, orbes, imágenes en pantalla o seres con apariencia humana completa.
Espíritus y demonios: Aclaró que las representaciones populares de demonios con cuernos son mitos culturales o de consumo mediático. Los entes negativos o involucionados se presentan con apariencia humana convencional, revelando su naturaleza no por la forma, sino por la carencia de brillo positivo y por emitir mensajes que alteran negativamente la astralidad o buscan sembrar discordia familiar.
Sensación de miedo: Distingue entre la simple impresión de ver una presencia y el pánico visceral. Sentir pánico es el indicador primordial de que se está ante una energía negativa o densa.
Bloqueos energéticos: Acciones como mentir, robar, insultar o mantener una actitud marcadamente negativa bloquean la energía del individuo, impidiéndole conectar con espíritus evolucionados y dejándolo expuesto a entidades de baja frecuencia.
Casos de alto impacto, confidencialidad y la vida cotidiana
A lo largo de su trayectoria profesional, ha atendido una amplia variedad de casos que abarcan sanación de traumas severos, conflictos familiares e infidelidades complejas (incluyendo casos de hombres casados simultáneamente en varios países). Entre las sesiones de mayor impacto emocional, destaca:
- La atención a una madre que, sin revelarlo previamente, acudió a la consulta tras haber perdido a sus tres hijos pequeños y a su esposo en un accidente.
- El proceso de sanación psico-espiritual de una joven superviviente de abusos graves sufridos durante la infancia.
Respecto a temas de interés público, aclara que no utiliza la mediunidad para adivinar números de lotería ni lucrar con ello, aunque ha presenciado situaciones puntuales donde un familiar fallecido le ha transmitido un número a su allegado por decisión propia.
En cuanto a personas desaparecidas y asesoría a figuras de alto perfil:
- Investigaciones y desaparecidos: Colabora de forma estrictamente privada y bajo confidencialidad, únicamente con familiares vinculados sanguíneamente con la víctima.
- Atención a figuras públicas: Atiende de forma constante a empresarios, artistas e importantes políticos de calibre nacional e internacional, sirviendo de intermediaria para brindarles guía en la toma de decisiones estratégicas.
Jennice concluye que no existe una receta única para el desarrollo espiritual, sino un proceso personal que requiere romper el miedo, trabajar en la conducta propia y permitir que la energía fluya de manera natural.
