Nacional - 04/4/21 - 12:00 AM

¡Vuelve a tu origen!

Por: Luis Enrique Morán Colaboración para Crítica -

“El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «Ustedes no teman, pues sé que buscan a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Vengan, vean el lugar donde estaba. Y ahora vayan enseguida a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allí le verán.’ Ya se los ha dicho»” (Mt 28, 5-7).

Las mujeres, esas mismas que han sido relegadas, subestimadas y discriminadas en nuestras iglesias y comunidades, son las portadoras del gran anuncio: ¡Ha resucitado!

Ellas permanecieron fiel al maestro en la hora del sufrimiento, de la humillación y del sacrificio. El único discípulo que permaneció fiel a Jesús fue Juan [el más joven], quien acompañaba a la madre del nazareno. Ahí, la madre comprendió la dimensión del “sí” que había respondido al ángel Gabriel, hacía 33 años y también sintió el dolor que le había profetizado Simeón cuando ella presentó al niño Jesús en el templo: “¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!“ (Lc 2, 35).

Las mujeres que estuvieron con Jesús en su muerte, también quisieron acompañarle visitando el sepulcro. Lideradas por la Magdalena, “compraron aromas para ir a embalsamarle” (Mc 16, 1). En esta ocasión, la madre del Nazareno no las acompaña, no busca entre los muertos al hijo de sus entrañas, sino que espera silenciosa.

¿Cómo Jesús marcó la vida de estas mujeres que se atreven a visitar el sepulcro en medio de la persecución de las autoridades? ¿No tienen miedo o lo saben controlar? ¿Qué valor tendría para ellas el cuerpo de Jesús que no escatiman en comprar aromas?

El ángel les dice la frase que aparece 365 veces en el libro sagrado [para no olvidarlo ningún día del año]: “No teman”. Les informa que “ha resucitado” y les refresca la memoria: “como lo había dicho”, es decir: ¡Recuerden sus palabras!

Invita a tomar acción: No tener miedo, hacer memoria, venir [entrar al sepulcro]; ver, es decir, comprobar; ir enseguida, comunicar la noticia y peregrinar a Galilea, porque “allí le verán”.

¿Por qué retornar a la insignificante y empobrecida aldea de Galilea? Es que ahí comenzó todo. Ahí está el origen del cristianismo, el génesis terrenal del “Hijo Amado” del Padre. Retornar a Galilea es dejar de buscar la muerte en los cementerios de nuestras acciones y palabras. Retornar a Galilea es volver a nuestro origen, a la vida y resurrección que Jesús nos regala, es volver a nuestra dignidad de hijos de Dios. Solo desde ese peregrinaje interior del corazón, se cumplirá la palabra del ángel: “allí le verán”… ¡Vuelve a tu origen!