Hábeas corpus
Redacción
“Igual justicia bajo la ley”. Así reza una frase esculpida en piedra en el frontispicio del edificio de la Suprema Corte de los Estados Unidos. El dicho es universal porque la ley debe ser igual para todos.
La frase viene a cuento a propósito de la desatinada decisión de la Corte Suprema de Justicia de declarar “no viable” un hábeas corpus presentado por la defensa de un magistrado separado del cargo.
El problema no es Moncada Luna, sino el peligroso precedente de impedir un pronunciamiento judicial sobre el segundo derecho más importante, luego del derecho a la vida, el cual es sin duda el derecho a la libertad personal.
Se ha denunciado por parte de opositores la existencia de un macabro plan de cacería judicial aupado por el Ejecutivo contra funcionarios de la anterior administración y ya hay al menos 39 querellas presentadas contra estos que, al final –tal como sucedió luego de la invasión de 1989–, no quedarán en nada.
Sin embargo, es aquí donde adquiere su valor el instituto del hábeas corpus, que se creó con el fin de asegurar a los ciudadanos una garantía ante las órdenes arbitrarias de detención, propias de las dictaduras y regímenes unipersonales.
Los perseguidos injustamente tienen en la acción de hábeas corpus un valioso aliado para preservar su libertad ante los abusos del poder, es por ello que los ciudadanos debemos exigir que se respete este sacrosanto instituto y que cuando los hábeas corpus sean presentados, se fallen y que los togados no caigan en la cobarde actitud de declararlos “no viables”.
Y es que negar el control judicial sobre la libertad corporal es colocar al justiciable en una situación de desigualdad –e indefensión diríamos nosotros– ante los poderes constituidos.
El día que los magistrados hagan una costumbre de “declarar no viables” los escritos de hábeas corpus –que cualquier persona puede presentar– se venderá el sagrado derecho a la libertad y se impondrá la tiranía judicial como cómplice del abuso gubernamental.