Infiernillo político
B ueno, bueno, mi buen amigo José Salvador (Pepe) Muñoz me comentaba hace casi medio siglo que nuestra patria, en estos días conmemorativos del inicio de su
Ramón Jiménez Vélez
B ueno, bueno, mi buen amigo José Salvador (Pepe) Muñoz me comentaba hace casi medio siglo que nuestra patria, en estos días conmemorativos del inicio de su era Republicana y de gritos pegados hace casi dos siglos, era un país surrealista. Por cierto que surrealismo es crear un mundo más allá de la percepción con valores procedentes de asociaciones instintivas de fragmentos de la realidad física e imaginaria, o sea la incomprensión de la causa de los fenómenos por insuficiente capacidad.
De paso su creador, André Breton, lo hizo basado en las teorías frudianas del inconsciente revelado a través del sueño y el automatismo, expresado con su célebre frase: hay un hombre partido en dos en la ventana.
El rebelde escritor francés planteó que por caminos poco razonables se llega a donde se puede, y con una inteligencia subversiva atacó el conformismo y buscó la locura para destruirlo.
Así vemos cómo en el país, el actual gobierno más surrealistamente ñame, ante los señalamientos de la disminución de los aportes del Canal al fisco, por un lado aumentó el límite legal del déficit y habla de ajuste presupuestario, pero aumenta jugosos salarios y la planilla estatal, anuncia obras millonarias y advierte que las hará a través del concepto de “llave en mano” (no sé qué cosa encierra) sistema que tanto execró cuando lo hizo la locura.
O insistir en que defendamos nuestra solemnidad, pero cedamos todo ante los colombianos respecto de la tributación y ante los organismos internacionales frente a la amenaza de listas grises.
Otro punto a exaltar los símbolos patrios, pero alabar a una cantautora que ejecutó como balada el himno nacional y un medio electrónico lo colocó como fondo de un mensaje nacionalista haciendo pensar que en su programa carátula que no suena a modo de parodia el himno lo ejecutaran al ritmo de los cantantes que representan, en concreto: hard rock, reguetón, salsa y merengue, entre otros.
Faltó que las celebraciones santeñas se iniciaran con un topón entre las calles contendientes bailando al son del himno nacional como claro ejemplo del raizal nacionalismo.
Los panameños se quejan del costo del combustible y los tranques, pero compran más autos nuevos y llenan el tanque cada vez que hay largos fines de semana para quemar gasolina.
Igualmente se criticaban las inundaciones, pero arrojan todo lo que nos sobra a la calle para taponear los desagües.
Ya lo dijo Winston Churchill: los imperios del futuro son los imperios de la mente.
Bueno, eso es todo por hoy, pero tranquilos que el próximo jueves habrá más.