Los desfiles de las fiestas patrias
La impresión que se llevarían los ancestros que nos enseñaron a respetar los símbolos de la patria y a cultivar buenos modales sería de infarto al presenciar
Julio César Caicedo Mendieta
La impresión que se llevarían los ancestros que nos enseñaron a respetar los símbolos de la patria y a cultivar buenos modales sería de infarto al presenciar los desfiles novembrinos. En muy pocas instituciones ha prevalecido la disciplina y el entusiasmo apropiado para una de las celebraciones más importantes en nuestro país. Podemos nombrar con orgullo el denuedo, por ejemplo, del Benemérito Cuerpo de Bomberos, la Policía Nacional y, actualmente, de una que otra escuela secundaria.
Y es que si la alegría que demuestran muchos de nuestros estudiantes por ser panameños jóvenes se convierte en bailes extravagantes y movimientos epilépticos durante el desfile, no fuera nada. Lo que me asusta muy particularmente es la forma de vestirse, los cortes de cabello que se hacen, las falditas cerca de la prenda preferida, algunos “varoncitos” con pantaloncitos de tubo y más apretaditos que el nudo de un chorizo. Este año, apuesto mi devaluada jubilación a que el 90% de los “pelaos” van a saludar al emblema nacional con el ridiculísimo corte del jugador de fútbol brasileño Neymar.
El irrespeto crece más cuando el compás de los tambores es obedecido únicamente por el “chingongo” que mastica un sartal de estudiantes sin piedad alguna, sumado a las contorsiones jamás vistas en una parada seria, como si se tratase de los primeros Homo sapiens bailando después de una hartada con frutas fermentadas, esto último no me extraña tanto, ya que según los científicos que no creen mucho en Dios, el hombre, en el reloj del tiempo, no hace mucho que emergió de África y cualquier psicólogo les daría la razón, suponiéndose una voluntaria vuelta atrás.
Las ganas de hacer cabriolas pueden darse, sí, pero no en un desfile patrio. Solo tres meses separan al Mes de la Patria de los Carnavales, en los que sí se observaría como algo natural que desfilaran como mamarrachos y masticando “chingongos” cual si fueran vacas rumiando.