Otra maravilla de la creación
Luego de intensas negociaciones que se iniciaron en la década de 1960; el 26 de abril de 1973, Brasil y Paraguay firmaron el Tratado de Itaipú, con
Hermano Pablo
Luego de intensas negociaciones que se iniciaron en la década de 1960; el 26 de abril de 1973, Brasil y Paraguay firmaron el Tratado de Itaipú, con el que aprovechaban al máximo el potencial hidráulico del río Paraná, recurso natural, común, que solo podía explotarse en condominio por tratarse de una frontera entre las dos naciones. De ahí que en mayo de 1974 se creara la empresa binacional Itaipú, con el fin de construir y posteriormente administrar una central hidroeléctrica con un régimen jurídico único en el mundo, ya que sería regida por el tratado mismo y por las normas del derecho internacional público.
La construcción se llevó a cabo en seis fases entre 1975 y 2006. Más de 40,000 obreros trabajaron en la construcción de la central, en el momento culminante a un ritmo equivalente a la construcción de un edificio de oficinas de 20 plantas cada 55 minutos. Con el volumen de hierro y de acero que utilizaron, pudieron haber construido 380 torres Eiffel; con el volumen de hormigón, 15 veces mayor que el utilizado en el Eurotúnel (que une a Francia con Inglaterra debajo del canal de La Mancha), pudieron haber construido 210 estadios de fútbol como el Maracaná en Río de Janeiro o una autopista de dos carriles desde Moscú hasta Lisboa.
Cada una de las 20 unidades generadoras de 700 megavatios produce lo suficiente para atender todo el consumo de electricidad de una ciudad de casi dos millones de habitantes. Su potencia total de 14,000 megavatios es más que suficiente para satisfacer una cuarta parte de las necesidades eléctricas de Brasil y un 90% de las de Paraguay. Es que la descarga máxima del vertedero de Itaipú (más de 62,000 metros cúbicos por segundo) corresponde a 40 veces la descarga promedio de las cataratas del Iguazú.
¡Con razón que en 1995 la revista “Mecánica Popular” distinguiera a Itaipú como una de las siete maravillas del mundo moderno!
Con todo, Itaipú no es más que una creación del hombre, que es, a su vez, una creación de Dios. Es decir, le debemos a Dios, indirectamente, tanto la maravilla que es Itaipú, como le debemos, directamente, la maravilla que son las cataratas del Iguazú. De ahí que no podamos menos que exclamar, en las palabras del salmista David: «¡Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas!».