Recordando a “Tobita”
Corrían los aciagos días de finales de 1988 y principios de 1989, cuando terminábamos nuestros estudios universitarios en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas y era
Por: Emidio A. Manzané | Analista y Consultor
Corrían los aciagos días de finales de 1988 y principios de 1989, cuando terminábamos nuestros estudios universitarios en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas y era normal en el torbellino social que existía, participar de eventos en el Campus donde se analizaba la situación del país y se intentaba articular todas las ideas con el propósito de contribuir a la lucha antimilitar. En uno de esos eventos tuve la gran dicha de conocer a la Profesora Mélida Sepúlveda (Q.E.P.D.), con quien entablamos desde ese momento una sincera y respetuosa relación, a tal extremo que cariñosamente al referirme a ella le decía “tía” y ella me respondía “hola sobrino”.
Para marzo de 1988 presenté mi trabajo de graduación en la Facultad de Derecho y allí recibí de parte de mi “tía” un saludo de felicitaciones, dado que no podía estar presente, pero ella entendía que ese acto de graduación era mucho más valioso porque ya se sentían los tambores de la invasión y nosotros no habíamos desistido del propósito de convertirnos en profesionales. De allí en adelante no volví a tener más contacto con la “tía” Mélida, producto de los acontecimientos horrendos que significo la invasión innecesaria por parte de los Estados Unidos, con el único propósito de tumbar a Noriega.
Para mediados del mes de enero de 1990 y todavía con las tanquetas gringas mancillando el Honor Nacional, recibí una tarjeta dejada en mi despacho por parte del amigo periodista Justino González, que era una invitación para que pasara por el Panamá América. Mi sorpresa fue tal que allí me recibió la “tía” Mélida quien era Directora del Diario y me presentó a Cristóbal Sarmiento, y ambos permitieron que iniciáramos nuestra labor de Periodista de Opinión. Siempre bajo la orientación, los consejos, el buen humor y sobre todo el espíritu de responsabilidad que caracterizaron a “Tobita”. Nunca recibí objeción ni censura alguna de parte de “Tobita” y cuando tomábamos café en la redacción, solíamos coincidir en que después del 89, se había conquistado el derecho a pensar en Democracia. ¡Paz a su alma maestro!