¡Sexo! Una adicción más poderosa que una droga
Tan delicado es el proceso de sanación en estas reuniones que no se permiten relatos explícitos, los abrazos se dan con cautela, los apellidos son un secreto
Tan delicado es el proceso de sanación en estas reuniones que no se permiten relatos explícitos, los abrazos se dan con cautela, los apellidos son un secreto y casi nunca entra alguien ajeno al grupo.
A diferencia de las juntas de alcohólicos anónimos (AA), los adictos al sexo en recuperación luchan contra una "droga" que se activa con un pensamiento y se enfrentan al estigma de que son pedófilos o degenerados a los que nadie debe acercarse.
"Mi propia familia me ha acusado de eso", dijo "Raúl", un centroamericano que tocó fondo cuando en su insaciable deseo por las mujeres tuvo amoríos con su cuñada y con la esposa de su mejor amigo.
En una cultura en la que ser un "Don Juan" o mujeriego es sinónimo de hombría, los latinos tienen otra barrera por superar. "Mi padre ya sabe mi enfermedad y él no cree. 'Sos un hombre', es lo que siempre me dice", compartió "Raúl", quien también padeció un profundo apego a la pornografía.
"Esta adicción mata, yo intenté varias veces matarme por vergüenza, porque hice cosas que no quise", agregó.
En las reuniones privadas de Sexo Adictos Anónimos (SAA) no hay juicios ni maestros, ellos se escuchan y tienden la mano entre sí. El grupo hizo una excepción para que La Opinión entrara a una sesión.
"Todavía tengo la adicción al sexo y probablemente la tenga hasta que muera, pero ya no me controla tanto", celebra "Pedro", quien pasaba horas viendo sitios para adultos en internet.
Para la sexóloga Myriam Balbela esta enfermedad se detecta cuando se "comienza a sentir un malestar personal, hay un deterioro de la relación amorosa y hay consecuencias sociales adversas".