Solidaridad desde el voluntariado
El ejercicio exclusivo del desarrollo integral de la persona y de la sociedad no compete al Estado, a los partidos políticos ni a las diversas confesiones religiosas.
J. C. Gª Fajardo
El ejercicio exclusivo del desarrollo integral de la persona y de la sociedad no compete al Estado, a los partidos políticos ni a las diversas confesiones religiosas. Es el ser humano y sus opciones libres los que deben protagonizar su desarrollo integral. Siempre cabrá la cooperación, pero nunca la imposición que no respete la libertad, la conciencia, la justicia y el derecho fundamental a buscar la felicidad, pues el ser humano ha nacido para ser feliz. Y la felicidad no puede imponerse de forma alguna.
Solidario proviene de “solidus”, moneda romana de oro, consolidada y no variable. La palabra solidaridad se refiere a una realidad firme y fuerte conseguida mediante el ensamblaje de seres diversos.
De ahí que la solidaridad va unida con la responsabilidad y esta depende de la sensibilidad para los valores. Estos no se imponen, sino que atraen y piden ser realizados. La solidaridad solo es posible entre personas que en su conciencia sienten la apelación de algo que vale la pena y apuestan por ello. De ahí que la solidaridad implique generosidad, desprendimiento, participación y fortaleza.
Hoy, cuando tanto se habla de la necesidad de “realizarse” y de ser auténticos, es hermoso saber que “authentikós” es el que tiene autoridad y esta deriva de “augere”, promocionar. Es decir que “tiene autoridad sobre alguien, el que lo promociona o promueve”, por lo tanto, “auténtico es el que tiene las riendas de su ser, posee iniciativa y no nos falla porque es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero”.
Para nosotros, como personas del camino que hemos asumido el compromiso del voluntariado social, este va más allá de la justicia: significa hacer propias las necesidades ajenas. De ahí que su trabajo es en sí mismo precioso.