Viaje histórico
Sin duda alguna, uno de los elementos del legado que dejará la presidencia de Barack Obama fue abrir las relaciones diplomáticas con Cuba, así como en su momento, el presidente Richard Nixon descorrió con su visita a la República Popular China el llamado “telón de bambú”, lo que propició cambios internos en el gigante comunista que facilitaron su apertura a Occidente.
La calidez con que el presidente norteamericano fue recibido por el pueblo en La Habana, la esperanza de cambios que ese periplo ha despertado en los cubanos de a pie, da motivos para pensar que a corto o mediano plazo se tomarán otras acciones trascendentales, como el levantamiento del bloqueo económico a la isla e incluso la devolución de la base de Guantánamo.
Sin embargo, lo más relevante es que la visita de Obama reaviva la llama de la lucha por la democracia que adelantan distintos sectores fuera y dentro de la isla.
Al margen de lo que los hermanos Castro digan, hay una realidad: en Cuba hay un sistema de partido único, encabezado por los comunistas, y no se celebran elecciones libres con la participación de otros sectores organizados desde 1959.
Poco antes de la visita de Obama, la prensa internacional dio cuenta de la represión al grupo denominado Damas de Blanco, que reclama la libertad de familiares presos en los ergástulos del régimen.
La historia reciente del mundo ha mostrado que el único sistema realmente funcional es el de la democracia participativa con justicia social y el sistema de libre empresa basado en la iniciativa privada, hoy imperante en Rusia y gran parte de Europa del Este después de la caída del comunismo en 1989.
Tarde o temprano, la democracia volverá a florecer en Cuba, y el viaje de Obama, sin lugar a dudas, es un catalizador de este proceso, que todos los pueblos hermanos de América Latina desean que se concrete ya.