De Morgan a los "piratas criollos": el saqueo que no se detuvo en Panamá
Mientras los pescadores de Panamá arriesgan su vida en altamar, los piratas modernos siguen robando motores y lanchas. Una red criminal es investigada en Veraguas.
Panamá- Los pescadores artesanales de Panamá lo saben desde hace años: cuando salen a faenar, no están solos. Los llamados “piratas criollos” —a veces con participación de extranjeros— han intensificado los robos de embarcaciones, motores fuera de borda y equipos de pesca en el litoral Pacífico.
El Servicio Nacional Aeronaval (Senan) lo reconoció en agosto de 2024: hasta ese entonces había recibido aproximadamente 13 denuncias, aprehendido a 5 personas y recuperado 4 motores fuera de borda y 3 lanchas. Desde entonces, no ha publicado cifras actualizadas.
La ausencia de datos oficiales recientes no significa que el problema haya desaparecido. Significa que la cifra invisible creció. En noviembre de 2025, los pescadores de Boca de Parita, en Herrera, denunciaron el robo de una lancha completa con todos sus equipos, una inversión valorada en aproximadamente 12 mil balboas.
En febrero de 2026, los pescadores de Playa La Pacora, en Antón (Coclé), contabilizaban al menos 8 robos de motores entre 2025 y 2026.
En marzo de 2026, la Federación Nacional de Pesca Artesanal advirtió que los asaltos ya no se limitan a Chame: ocurren desde Darién hasta Chame, y en lo que iba del año se habían reportado al menos tres incidentes en el área de Puerto Panamá.
Pero el fenómeno no se limita a las costas. En octubre de 2026, las autoridades investigaban una red dedicada al robo de motores que operaba en Veraguas. El caso, que aún está bajo investigación, reveló que los delincuentes no solo se llevaban motores de embarcaciones, sino también de vehículos, y que los vendían en el mercado negro. La red fue desarticulada tras varias diligencias de allanamiento.
La captura que rompió la racha
La madrugada del 25 de octubre de 2026, una embarcación fue asaltada en altamar. Los piratas no contaban con que el Senan tenía información de inteligencia sobre sus movimientos. Tras el reporte del asalto, unidades aeronavales montaron un operativo de persecución que terminó con la captura de los presuntos responsables. El caso, que no ha sido detallado oficialmente, se suma a la lista de incidentes que las autoridades intentan frenar, pero que los pescadores siguen denunciando con frustración.
Dónde atacan y cómo operan
En 2024 el Senan identificó los puntos más calientes: el litoral costero Oeste, Este y Río Hato, en Coclé, especialmente Punta Chame, las islas de Otoque y Taboga. Los grupos se mueven durante mareas altas, lo que les facilita el acceso a las zonas de pesca, cometen el ilícito y retornan a atracaderos clandestinos.
El modus operandi es siempre el mismo. En julio de 2024, el pescador Ariel Espinosa y su acompañante fueron retenidos por más de una hora por cuatro piratas. Los ataron con cinta adhesiva, golpearon a su compañero y los amenazaron con acuchillarlos y arrojarlos al mar. Tres de los cuatro llevaban pasamontañas.
En mayo de ese mismo año, Edwin Reyes narró un ataque similar: tres sujetos armados y encapuchados abordaron su lancha entre las islas de Melones y “Los tanques”, desmontaron el motor y los dejaron a la deriva. En lo que iba de 2024, los pescadores de Punta Chame contabilizaban al menos 15 motores robados. En 2023, la cifra había sido de 25.
La historia se repite
La paradoja es incómoda. Panamá fue, durante siglos, un punto estratégico del comercio colonial. Y también un blanco fácil. En 1671, el corsario inglés Henry Morgan saqueó y destruyó Panamá la Vieja. La ciudad, que había prosperado durante más de 150 años, fue arrasada. Las autoridades decidieron trasladarla diez kilómetros al suroeste, donde hoy se ubica el Casco Antiguo.
Morgan no era un pirata improvisado. Era un corsario con patente de corso, es decir, un ataque autorizado por la Corona inglesa. Pero el resultado fue el mismo: saqueo, destrucción y una ciudad en llamas. Portobelo también sufrió los embates de Francis Drake, William Parker y el propio Morgan en distintas ocasiones.
La diferencia entre aquel entonces y ahora no es la vulnerabilidad. Es el botín. Los corsarios del siglo XVII buscaban oro, plata y riquezas coloniales. Los piratas modernos de Panamá buscan motores fuera de borda, equipos de pesca y productos del mar. El Senan lo tiene claro: los robos están motivados por la venta de equipos en el mercado negro o por piezas, y han detectado que algunos pescadores y particulares compran estos equipos robados.
Lo que se hace y lo que falta
El Senan no está de brazos cruzados. Ha implementado el programa “Pescadores Vigilantes”, que ofrece charlas de prevención, seguridad y comunicación directa con la institución. También opera la línea telefónica 108 y mantiene equipos de inteligencia y vigilancia por mar, aire y tierra. En coordinación con la ARAP y la AMP, se ha creado un comité interinstitucional para combatir los delitos en el mar y se planea instalar un puesto de control en Punta Chame.
Pero los pescadores no sienten el respaldo. En mayo de 2024, ante la inactividad de las autoridades, los pescadores de Punta Chame amenazaron con armarse para defender su patrimonio y sus vidas.
En Boca de Parita, en noviembre de 2025, los afectados señalaron que las cámaras del muelle “no sirven” y exigieron una reunión urgente con las autoridades.
El propio Senan reconoce que la seguridad es una responsabilidad compartida. “Es crucial que los pescadores refuercen la seguridad de sus equipos y embarcaciones”, declaró Palacio. Pero también es cierto que el Estado tiene la obligación de garantizar la vigilancia en aguas jurisdiccionales.
Lo que sigue
La historia de Panamá está marcada por la piratería. Desde Morgan hasta los “piratas criollos” de hoy, el país ha sido saqueado por quienes buscan riquezas en sus costas. La diferencia es que, en 1671, la ciudad cayó porque las defensas estaban descuidadas. Hoy, la pregunta es la misma: ¿están las defensas marítimas a la altura de la amenaza?
Mientras el Senan refuerza operativos como “Pesca Digna” y “Proteo”, los pescadores de Punta Chame, San Carlos, Boca de Parita, Colón y Playa La Pacora siguen esperando. Siguen saliendo al mar con el miedo pegado al cuerpo. Siguen mirando hacia el horizonte, no por la pesca, sino por si aparece una lancha sin matrícula con hombres encapuchados a bordo.
La piratería nunca desapareció. Solo cambió de botín.
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