Delincuentes matan policía en El Chorrillo
Desde el balcón del primer piso del edificio conocido como la ‘PRD’, ubicado en calle 25, El Chorrillo, sujetos armados realizaron varias detonaciones contra el sargento segundo post mortem, Albis Espinoza, de 29 años, matándolo.
Pasaba de las 8:30 p.m. del domingo, mientras Espinoza, junto otras unidades realizaban una ronda de rutina entre las calles 25 y 26 de El Chorrillo, cuando de pronto varios desconocidos empezaron a disparales. En medio de la situación, él fue alcanzado por varios proyectiles de arma de fuego en tórax, cara y pecho, y aunque fue trasladado de inmediato al cuarto de urgencias del Hospital Santo Tomás, falleció a causa de las lesiones sufridas.
Tras el hecho, la Policía Nacional desplegó un mega operativo en la zona el cual se mantiene activo, logrando la aprehensión de varios sujetos, entre ellos dos sospechosos de dispararle al sargento segundo.
Trascendió que uno de los señalados directos en este caso es conocido con el alias de ‘Chema’.
La entidad, a través de un comunicado de prensa catalogó este homicidio como un ‘hecho cobarde y criminal’ que no quedará impune.
Las acciones operativas continúan en El Chorrillo, pues no se descarta la participación de más implicados en este hecho de sangre.
Testimonio
Una moradora de calle 26 abajo de El Chorrillo cuenta que Espinoza era ampliamente conocido en el área. “Todo el mundo conocía al policía muerto, hasta los maleantes”, dando a entender que su presencia era cotidiana y no generaba conflictos. Según su versión, en el barrio existe una especie de norma implícita: “No se tocan los policías. Nadie en su sano juicio, ni un maleante… eso es ley de aquí del barrio”.
Su testimonio también refleja dudas sobre la versión oficial. La residente sostiene que la unidad policial habría quedado en medio de un intercambio de disparos entre grupos rivales, y que el agente no era el objetivo. “A ese pelao le cayó la bala”, comenta.
La mujer describe al agente como parte de la dinámica diaria del sector. Afirma que realizaba rondas constantes, que a veces se detenía a comprar comida y que mantenía un trato cercano con los vecinos, incluso colaborando cuando alguien necesitaba ayuda. “Todo el mundo lo conocía… no era un pelado de problema”, insiste, reforzando la imagen de un policía integrado a la comunidad.
