La trampa de las crecidas: Falta de puentes convierte ríos en fosas comunes
La falta de puentes y el riesgo de las crecidas cobran vidas en el interior del país. Conoce los casos y las cifras oficiales de muertes por inmersión.
Panamá- Para miles de productores y residentes del Panamá rural, cruzar un río no es una actividad de esparcimiento ni un riesgo electivo: es una necesidad diaria para trabajar, abastecerse o regresar a casa. Sin embargo, en las provincias del interior y las zonas comarcales, la falta de infraestructura básica, puentes peatonales y caminos de acceso transitable transforma los afluentes en auténticas trampas mortales durante la temporada lluviosa, donde la rutina campesina se enfrenta a la fuerza impredecible de la naturaleza.
Esta vulnerabilidad estructural condena a las comunidades periféricas a coexistir con el peligro constante de las crecidas repentinas y los golpes de agua. Lejos de las playas monitoreadas por guardavidas o los balnearios turísticos, el verdadero drama del ahogamiento en el país se vive en los cauces de agua dulce que atraviesan los campos panameños, donde la ausencia de medidas de prevención deja a los pobladores a merced de las inclemencias del tiempo.
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El reflejo de la tragedia
Esta cruda realidad volvió a manifestarse el pasado 6 de septiembre de forma trágica en la provincia de Veraguas. La zozobra que inició el día anterior con la desaparición de un adulto mayor de 78 años en el sector rural de Soná culminó con el peor de los desenlaces: tras intensas jornadas de rastreo desplegadas por el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), el Cuerpo de Bomberos y residentes locales, las brigadas de rescate ubicaron su cuerpo sin vida en la convergencia del río San Pablo y el río Cobre.
La víctima, un campesino de la zona que intentó cruzar el afluente para cumplir con sus labores cotidianas, fue sorprendido por un aumento repentino en el caudal provocado por las precipitaciones en la parte alta de la cuenca. Con este hallazgo, la provincia sumó una víctima más a una lista sangrienta que no para de crecer en las zonas agrícolas del interior.
Tan solo el pasado 1 de octubre los cuerpos de los dos rescatistas reportados como desaparecidos fueron localizados en el cañón de Macho de Monte, corregimiento de Cuesta de Piedra, distrito de Boquerón, provincia de Chiriquí, tras la emergencia registrada el día anterior durante una práctica de ascenso.
La actividad formaba parte del Curso "Operaciones y Técnicas de Rescate con Cuerda en Montaña", en el que participaban 31 estudiantes y 7 instructores, para un total de 38 personas. Durante el ejercicio se mantenían puntos de vigilancia para monitorear el caudal del río.
Las cifras de una deuda de infraestructura
De acuerdo con las cifras oficiales confirmadas por el SINAPROC y el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), la cantidad de fallecidos por inmersión en lo que va del año, asciende a 63 personas ahogadas a nivel nacional, confirmando un patrón claro de desigualdad y riesgo en el territorio nacional:
* Predominio en agua dulce: De la totalidad de los casos registrados por las autoridades, la mayoría de las muertes por inmersión han ocurrido en ríos, quebradas y riachuelos, superando de manera drástica las incidencias en costas o playas turísticas.
* Víctimas del trabajo rural: Un alto porcentaje de los fallecidos corresponde a hombres adultos y adultos mayores dedicados a actividades agrícolas o ganaderas que se ven forzados a vadear los ríos a pie o a caballo ante la inexistencia de puentes modulares.
* Zonas sin cobertura: La mayor parte de los eventos fatales suceden en puntos aislados, fuera de las áreas de cobertura de los operativos de seguridad estacional y sin señalización de advertencia sobre la peligrosidad del cauce.
Entre la advertencia oficial y la urgencia comunitaria
Ante el incremento de lluvias y la emisión constante de avisos de prevención por parte del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (IMHPA), la vocería del SINAPROC reitera el llamado a la prudencia: "Es fundamental que la población en áreas rurales no intente cruzar ríos o quebradas acrecentadas, ya que la fuerza de la corriente y la turbidez del agua hacen imposible cualquier maniobra de rescate o autocontrol".
Sin embargo, para las familias de las zonas agrícolas, las recomendaciones preventivas resultan insuficientes cuando la geografía impone el aislamiento. Dirigentes locales coinciden en que la solución definitiva no radica únicamente en emitir alertas meteorológicas, sino en ejecutar obras públicas urgentes que doten a las comunidades de vados y puentes seguros, evitando que la necesidad de movilización siga elevando esa trágica cifra de 63 vidas perdidas en las aguas del país.

