¿Por qué se entrega un femicida?
La intuición dice que un femicida que se entrega lo hace por culpa. Los criminólogos panameños dicen lo contrario: se entrega porque el sistema le es indiferente, o porque quiere reafirmar que tenía razones para matar.
Panamá- Cuando un femicida se entrega, la reacción inmediata es pensar que lo hizo por arrepentimiento. La imagen del asesino que, consumido por la culpa, camina hacia la comisaría y confiesa su crimen encaja con la idea de que el ser humano, en el fondo, tiene conciencia. Pero los criminólogos panameños que han estudiado los perfiles de los agresores dicen que esa imagen es falsa. La entrega, en la mayoría de los casos, no es un acto de contrición. Es otra cosa.
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Lo que dice la criminología panameña
El Código Penal panameño define el femicidio en su artículo 132-A como el hecho de causar la muerte a una mujer por su condición de género, en contextos de relación de pareja, confianza, subordinación, o por móviles de odio o menosprecio hacia ella. Esa definición legal es el punto de partida de los criminólogos panameños, que han señalado que detrás de esos crímenes hay una estructura de control y dominación que el agresor no está dispuesto a perder.
Bélgica Bernal, directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá, ha señalado que la violencia no surge exclusivamente en el momento del crimen, sino que se alimenta de factores como el consumo de drogas, la falta de inteligencia emocional, hogares disfuncionales y un modelo de masculinidad tóxica que se perpetúa socialmente. Bernal también ha criticado que las medidas de protección se enfoquen en la víctima y no en el agresor, y ha planteado que las leyes deberían considerar evaluaciones de peligrosidad y tratamientos especializados para los agresores.
El fiscal superior de Homicidio y Femicidio, Jorge Ferguson, ha señalado que "la separación o intento de ruptura es el principal elemento que conlleva a que se den conductas más violentas o inclusive el fallecimiento de la mujer". Ferguson también ha enfatizado la importancia de denunciar y actuar de inmediato: "Lo más importante es denunciar, es actuar de manera inmediata, no voltear la mirada".
¿Por qué se entregan, entonces?
Si la criminología panameña coincide en que el femicida no se arrepiente, ¿por qué se entrega? La respuesta que surge de los análisis locales es que la entrega puede ser una forma de reafirmar la conducta. El agresor no reconoce la dimensión de género del crimen; solo busca justificarlo. No va a pedir perdón. Va a decir que tenía razones.
En otros casos, la entrega es un cálculo racional. Cuando el cerco policial se cierra y no hay salida, entregarse es una forma de negociar con el sistema, no de reconocer el crimen. La confesión se convierte en una herramienta para obtener un beneficio procesal, no en una muestra de contrición.
La confesión como atenuante: ¿justicia o ventaja?
En Panamá, el Código Penal reconoce la confesión espontánea y oportuna como una circunstancia atenuante. La jurisprudencia exige que sea espontánea (que el imputado comparezca por sus propios medios) y oportuna (antes de que existan pruebas sólidas en su contra). Pero como señala Bernal, la confesión "solo facilita la labor de la Justicia", no implica arrepentimiento.
El caso de Pocrí lo demuestra. En septiembre de 2026, un hombre de 27 años fue condenado a 30 años de prisión por el femicidio de su expareja, Selinda Córdoba, de 21 años, ocurrido en octubre de 2025. El agresor aceptó su culpabilidad en audiencia intermedia, pero la pena se mantuvo en el rango máximo del artículo 132-A. La confesión no le salvó de la condena.
Lo que sigue
La pregunta que queda flotando es incómoda: si la entrega no es arrepentimiento, ¿por qué el sistema la sigue premiando con atenuantes? La respuesta, quizás, es que la justicia penal no está diseñada para medir el arrepentimiento genuino, sino para facilitar la resolución de los casos. La confesión ahorra tiempo, recursos y sufrimiento a las familias. Pero no debería confundirse con redención.
Como dice Bernal, el femicida no se detiene si no hay intervención. "Si no es con esta víctima, es con otra". La prevención, no la confesión, es la única salida real.
