Insólitas - 20/3/15 - 05:45 PM

Uno ciego y el otro, manco; han sembrado 10 mil árboles

“Yo soy sus manos”, dice el ciego y agrega: “Él es mis ojos”. El manco afirma: “los frutos de nuestro labor saben más dulces”.

Por: Redacción/Crítica -

Dos hombres, uno ciego y el otro, sin brazos, comenzaron su relación de compañerismo cuando no eran capaces de conseguir trabajo. Ahora se han convertido en los ojos y en las manos del otro y se tomaron la tarea de transformar tres hectáreas al costado de la orilla de un río. Se las han ingeniado para plantar juntos alrededor de 10.000 árboles en los últimos diez años. “Yo soy sus manos”, dice el ciego y agrega: “Él es mis ojos. Somos buenos compañeros”. Tiene 53 años. Nació con cataratas congénitas que dejaron ciego su ojo izquierdo. Luego, en el 2000 perdió la vista en el derecho a causa de un accidente de trabajo. Por otra parte, su -ahora- compañero perdió ambos brazos en un accidente cuando tenía tan sólo tres años. Ante la dificultad de conseguir empleo, el dúo se las ingenió para combinar sus propios recursos y comenzaron a plantar árboles para ganar dinero y además beneficiar a las futuras generaciones. Cada día, dejan su hogar a las 7 a.m., equipados con un martillo y una barra de hierro. El que no tiene brazos conduce a su amigo ciego hasta el lugar de trabajo y como no tienen dinero para adquirir árboles jóveness, deben recoger manualmente los esquejes, lo que resulta muy difícil teniendo en cuenta sus limitaciones. El que carece de visión, es guiado por su compañero sin brazos y poda lentamente los árboles para recojer los gajos. Luego, cava un hoyo y planta el nuevo brote. Increíblemente el que no tiene brazos se encarga de regar la siembra con un balde que maneja con sus pies. Obviamente, es un trabajo muy lento pero la dupla lo ha mantenido desde hace varios años y aún no tienen planes de terminar. Son oriundos de China, viven en Yeli, al norte de la provincia de Hebei. Jia Haixia, quien no puede ver, expresa que a pesar de que no han logrado demasiado en todos los años transcurridos, reconocen el esfuerzo. Por su parte, Jia Wenqi, quien no tiene brazos, agrega: “los frutos de nuestro labor saben más dulces. Nosotros encontramos la paz en nuestros corazones”.