La concesión para operar la mina se otorgó en 1997 a otra empresa canadiense, que años después fue adquirida por Minera Panamá (subsidiaria de FQ), y se prorrogó en 2017 otros veinte años.
Las improvisadas casas y lotes demarcados con cintas y cuerdas por los precaristas se extiende hasta una quebrada que sirve de límite entre los terrenos de Anati y de la Ciudad del Niño.
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