Transfuguismo profesional
La esperanza de los electores de tener una Asamblea de Diputados decente y comprometida con el pueblo ha sufrido un duro revés, con el anuncio de un
La esperanza de los electores de tener una Asamblea de Diputados decente y comprometida con el pueblo ha sufrido un duro revés, con el anuncio de un grupo de parlamentarios que, arropándose en un escandaloso privilegio, han logrado que la junta directiva de ese órgano del Estado les conceda a los que tienen título de abogado una licencia especial para ejercer el derecho.
No tendría nada de especial que un jurista ejerza la profesión para la cual estudió si no fuera por el hecho de que, tratándose de un diputado electo, su principal compromiso es con sus electores y el país, y no dejar el hemiciclo para dedicarse a asuntos particulares.
El otro hecho éticamente cuestionable es que el abogado-diputado es una figura que evidentemente tiene una ventaja sobre el resto de sus colegas de profesión, por lo que, en la práctica, su ejercicio será una competencia desleal al abogado que no es diputado, ya que por simple lógica se colige que su posición lo coloca en consideración y ventaja ante los jueces por encima de sus colegas de leyes.
Esto es una soberana inmoralidad, y bueno tiene que ser el negocio, ya que estos abogados-diputados prefieren irse de licencia sin sueldo de la Asamblea para ejercer su actividad profesional, con la seguridad de que en la práctica privada hay más dinero que en el servicio público para el cual fueron electos.
¿Qué pretenden estos diputados? El abandonar los deberes para los que fueron electos es casi un acto de traición a los votantes que los favorecieron para que legislaran a favor del pueblo, no para que usaran el cargo para obtener pingües ganancias en negocios tribunalicios.