Sucesos - 08/11/26 - 01:29 PM

Mujeres sicarias en Panamá: el perfil invisible del crimen organizado

Una mujer de 20 años fue aprehendida en San Miguelito por el homicidio del taxista Gabriel Peña. Si es hallada culpable, enfrenta una pena de 12 a 20 años por homicidio agravado.

 

Por: Redacción / Web -

Panamá- La mujer tenía 20 años cuando la Policía Nacional la aprehendió en el sector de Los Andes, en Amelia Denis de Icaza. Sobre ella pesaba una orden emitida por la Fiscalía de Homicidio y Femicidio de San Miguelito. La acusaban de un crimen ocurrido el 10 de febrero de 2026: el asesinato del taxista Gabriel Peña, de 28 años, en pleno día, cerca del Municipio de San Miguelito. Los testigos vieron a una mujer bajar del vehículo y huir. 

El caso, por sí solo, es una noticia de sucesos. Pero cuando se cruza con las estadísticas del Sistema Nacional Integrado de Estadísticas Criminales (SIEC), adquiere otra dimensión. Panamá registró 486 homicidios intencionales hasta el 25 de octubre de 2026. San Miguelito concentra 89 casos, uno de los distritos más golpeados del país. Y en ese universo de violencia, la mujer no siempre es la víctima. A veces, es la ejecutora. 

El perfil que no aparece en los titulares

La criminología tradicional ha tardado en reconocer que la mujer también puede matar por encargo. Durante décadas, el sicariato se analizó como un fenómeno exclusivamente masculino. Los estudios de género en América Latina, sin embargo, han empezado a documentar un patrón distinto: muchas mujeres que ingresan al sicariato no lo hacen por vocación criminal, sino por supervivencia o coerción. Investigaciones regionales señalan que un número significativo de ellas registra haber sido víctima de maltrato físico, abuso sexual o abandono antes de involucrarse en el crimen organizado. 

En Panamá, los centros carcelarios albergan a unas 900 mujeres detenidas por delitos como homicidio, robos, afiliación a pandillas, hurtos agravados y secuestros. La cifra no distingue cuántas están por sicariato, pero confirma que la participación femenina en delitos violentos no es una anomalía estadística. 

El caso de la mujer de 20 años en San Miguelito encaja en ese perfil que la criminología aún no termina de definir. No se sabe, hasta ahora, si actuó sola o bajo órdenes, si fue reclutada o si el crimen respondió a un ajuste de cuentas personal. Lo que sí se sabe es que la Fiscalía la buscaba desde febrero, y que su aprehensión en noviembre confirma que el sistema la rastreó durante nueve meses.

El peso de la ley

Si la mujer de 20 años es hallada culpable, enfrenta una pena severa. El Código Penal panameño castiga el homicidio doloso agravado con prisión de 12 a 20 años, según el artículo 132. Esa es la pena base. Pero si la Fiscalía logra acreditar circunstancias como la alevosía, el ensañamiento o el uso de un arma de fuego, la sanción puede aumentar. En casos de sicariato, los tribunales panameños han impuesto condenas de hasta 50 años cuando concurren agravantes extremas, como ocurrió en el caso del Corredor Sur, donde dos hombres fueron sentenciados por homicidio doloso agravado (sicariato).

La figura del sicariato no tiene un artículo propio en el Código Penal panameño. Se procesa como homicidio doloso agravado, y las agravantes se aplican según el artículo 132. El hecho de que la víctima sea un taxista, que el crimen haya ocurrido en pleno día y que la agresora haya huido de la escena son elementos que la Fiscalía podría usar para sostener la agravante. 

El sesgo de género en la investigación

Hay una pregunta que los criminólogos se hacen cada vez con más frecuencia: ¿se investiga igual un homicidio cometido por un hombre que por una mujer? La respuesta, en la práctica, es matizada. Las mujeres sicarias suelen ser percibidas como cómplices o coordinadoras, no como ejecutoras directas. Ese prejuicio puede influir en la investigación: se busca al "cerebro" detrás de ella, se asume que alguien más dio la orden, se subestima su capacidad de operar sola.

El caso de Gabriel Peña sugiere lo contrario. Los testigos vieron a una mujer huir del taxi donde quedó el cuerpo. La escena no apunta a una cómplice: apunta a alguien que disparó y corrió. La Fiscalía de Homicidio y Femicidio de San Miguelito la requiere por el delito de homicidio, no por complicidad.

Lo que sigue

La mujer de 20 años está detenida. La investigación deberá establecer su nivel de participación, si actuó bajo coacción o por decisión propia, y si hay otros involucrados. Pero su caso deja una pregunta que trasciende el expediente: ¿está el sistema de justicia panameño preparado para procesar a una mujer sicaria con el mismo rigor que a un hombre, o sigue operando con el estereotipo de que la mujer es siempre la víctima?

La respuesta no está en las estadísticas del SIEC. Está en cómo se investiga, cómo se acusa y cómo se juzga. Y en si la criminología panameña se atreve a mirar un fenómeno que durante demasiado tiempo prefirió ignorar.

EDICIÓN IMPRESA

Portada Diario Crítica