El ferrocarril Panamá-David es el proyecto más recordado del gobierno Mulino
Hay proyectos que se convierten en conversación antes de que el primer riel esté colocado. El ferrocarril Panamá-David es uno de ellos. Según la encuesta de Opinión Pública de Ipsos levantada entre el 17 de abril y el 2 de mayo de 2026, el 56% de los 1,200 ciudadanos entrevistados en todo el país lo mencionó espontáneamente al preguntárseles qué proyectos reconocen del gobierno actual. Ninguna otra iniciativa de la administración Mulino alcanzó ese nivel de recordación: el Cuarto Puente sobre el Canal llegó al 46%, el Metro al 40%, la Caja de Seguro Social al 39% y el programa "Mi Primer Empleo" al 38%.
El liderazgo del ferrocarril no es casual. Se trata de una obra que captura algo que pocas propuestas de infraestructura logran despertar en la conciencia colectiva: la imagen de un país que se mueve, que conecta sus extremos, que mira hacia adentro tanto como hacia afuera. Un tren que une la capital con David y la frontera con Costa Rica no es solo un medio de transporte; es una declaración sobre qué clase de país quiere ser Panamá en las próximas décadas.

Que más de la mitad de la población lo recuerde sin que nadie se lo mencione primero es, en sí mismo, un indicador de penetración comunicativa notable para un proyecto que aún está en fases de planificación y gestión. En el ecosistema informativo actual —donde Instagram lidera como fuente de noticias con 63% de uso, seguido de la televisión con 38% y TikTok con 33%— lograr que una obra de infraestructura se instale en el imaginario ciudadano de forma orgánica no es poca cosa.
El ferrocarril encabeza además una lista de proyectos que refleja la diversidad de la agenda gubernamental. Junto a las grandes obras físicas como el Cuarto Puente y el Metro, aparecen iniciativas de impacto social directo como el programa "Mi Primer Empleo", orientado a jóvenes que ingresan al mercado laboral, y propuestas de alcance comunitario como la Ciudad Universitaria y la mejora de escuelas. Esa combinación entre infraestructura de escala y proyectos de beneficio cotidiano dibuja una agenda que intenta responder tanto a las necesidades del presente como a las aspiraciones de largo plazo.
El reto que señala la encuesta no es de visión sino de llegada. Si bien la recordación del ferrocarril es alta, el 50% de los ciudadanos se declara poco o nada informado sobre los proyectos insignia del gobierno en términos generales, y solo el 16% dice estar bastante o muy informado. Ese dato no habla de fracaso sino de oportunidad: hay un terreno fértil para profundizar la comunicación sobre lo que se está construyendo, quiénes se beneficiarán y en qué plazos se verán los resultados concretos.
En ese sentido, el ferrocarril Panamá-David ya ganó la primera batalla, que es la del nombre. El desafío que sigue es transformar esa recordación en comprensión, y la comprensión en respaldo ciudadano sostenido. Cuando una obra logra que la gente la mencione antes de que se la pregunten, el camino hacia lo segundo se vuelve más corto.
Panamá lleva décadas soñando con un tren moderno que recorra su geografía de un extremo al otro. Que ese sueño hoy tenga nombre, cifras y un gobierno que lo impulsa como proyecto de Estado es, por sí solo, un punto de partida que merece ser contado.
