Opinión - 31/8/16 - 12:00 AM

Acordar

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Me enteré del incidente violento en la firma del “acuerdo” entre indígenas y el Gobierno por la hidroeléctrica de Barro Blanco. Recordé la angustia que vi en los rostros de personas de Tierras Altas en Chiriquí (Cerro Punta). Ellos llevan tiempo oponiéndose a que llenen de hidroeléctricas el río Chiriquí Viejo. Dijeron que eran más de cinco los permisos para hacer esas otras, que afectarán el estado natural del río y a quienes se benefician de sus aguas. Por estar buscando dizque energía eléctrica barata (¿?) se autorizan proyectos que luego tienen oposición. Desde hace años el pueblo originario del río Tabasará demostró su rechazo a esta obra. Varios gobiernos no le hicieron caso a sus protestas. Incluso hubo acciones como cerrar la Interamericana que hace pocos años trajeron sangre y pérdidas millonarias a empresarios, turistas y público en general.

Si había reclamos ambientales y culturales ¿por qué no se hicieron los ajustes necesarios a tiempo? No entiendo cómo autoridades del medioambiente dan el visto bueno a otros que afectan la naturaleza y vida de panameños. ¡Alguien no dice la verdad! ¿Causan o no daño estas hidroeléctricas? Recuerdo las críticas que hicimos en estos artículos por la destrucción de manglares cerca de Tocumen, para construir barriadas. Añada los permisos dados para llenar de altos edificios Punta Paitilla, San Francisco y más lugares cercanos al mar. Por eso ahora la capital es caliente. Ya no la refrescan los vientos de la bahía, como sucedió por muchos años. Ni siquiera en esos sitios podemos admirar el mar, porque la “jungla de concreto” vale más que el medio ambiente favorable de la capital. Varios proyectos de barriadas causan destrucción de árboles y por eso ya no somos “Panamá la verde…”.

Creo que si llevaran los paneles solares a los cerros de la comarca, habría suficiente electricidad sin represar el Tabasará ni otros ríos. Allí tenemos el ejemplo del “desierto” de Sarigua, produciendo energía sin lastimar pueblos ni naturaleza. Se podrían poner esos paneles en miles de techos de edificios y casas y tendrían energía limpia sin problemas. Agregue los “ventiladores” que en Penonomé son un éxito. Hasta en el mar pueden instalarse estos y también plataformas con paneles solares. Sobre Barro Blanco, ojalá el famoso “acuerdo” no se convierta en “baratijas” para engañar a los indios. ¡Ya lo hicieron los conquistadores españoles hace más de quinientos años!