Opinión - 21/12/16 - 12:00 AM

Acostumbrar

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

El señor de cincuenta y seis años me dijo que cuando escuchó a su hijo de treinta y dos hablar con palabras sucias… ¡lo regañó! Me indicaba una situación que personas que tenemos años no nos acostumbramos que existan. Por eso a veces nos miran mal, se burlan y nos llaman anticuados y obsoletos. Claro que cada generación tiene sus características que imponen la época y el desarrollo social del país donde se vive. Todo eso se comprende. Sin embargo hay actitudes de la juventud del momento que muchos no aceptamos.

Recuerdo que hace unos años en un pasillo de la Universidad de Panamá escuché a unos jóvenes hablar en forma vulgar. Dejarían chiquito a “marineros del Terraplén” como antes indicaban algunos cuando querían señalar personas mal habladas. No pude contenerme y señalé suavemente: “qué lástima que de una boca bonita salgan palabras feas…” Se rieron, dijeron que eso era costumbre juvenil y aguantaron un insulto por respeto a un profesor.

A veces en ciertos salones levantaban la voz y aparecían palabrotas. Imponía el respeto al profesor y la Universidad. Decía en forma irónica “comprendo que hablen así en sus casas, pero recuerden que no están allí…” No sólo son palabras obscenas, es lo negativo de un sector de la juventud actual. Una vez vi a un joven tocarle las “pompis” a dos compañeras frente a las oficinas del Decanato de Comunicación Social. Le llamé la atención… ¡y las jóvenes defendieron al “liso”! Muchachas sentadas sobre el novio en pasillos de la “U” también vi y me molesté.

Una vez dije “en mi época al hacer eso uno buscaba cuarto”. Ya “no es noticia” que jovencitas de menos de quince años tengan extensa y variada experiencia sexual, incluyendo enfermedades. A veces son más agresivas que los muchachos a quienes “corretean” para que estén con ellas. Esa amarga realidad tiene años de reflejarse en los miles de embarazos en niñas y adolescentes, que no han podido ser controlados por la sociedad. Pero como decía a mis alumnos de Periodismo… la moneda tiene dos caras. Busquen siempre “la otra versión” de un hecho.

No es cierto que la juventud panameña “está perdida”, frase que escucho desde que tenía quince años. Existen muchos jóvenes estudiosos, que se destacan en concursos nacionales y extranjeros. Respetan a sus mayores y a la sociedad. Hacen esfuerzos por ser buenos ciudadanos y profesionales. Formarán familias ejemplares. Tal vez digan que son la minoría… ¡pero valen mucho más que los “otros”!