Agua y herbicidas
La nueva crisis del agua en la península de Azuero, que afectó a miles de personas en 14 corregimientos, que se vieron imposibilitadas de consumir el vital líquido del río La Villa contaminado por la atrazina, demuestra que el Gobierno Nacional no tiene un plan serio para resolver este problema.
El pasado viernes advirtieron que los niveles de atrazina en el río habían aumentado, por lo que se ordenó la suspensión del consumo de agua proveniente de esta fuente y por allí mismo se anunciaba la “reactivación” del comité de emergencia para hacer frente a la crisis.
Posteriormente, 48 horas después se informa que ya el agua puede ser nuevamente consumida.
De estos eventos, suscintamente reseñados, tenemos que concluir en que el Gobierno carece de un plan para enfrentar el problema y ya la población duda de la rigurosidad de las pruebas, porque hasta el más despistado se pregunta ¿cómo es que suben los niveles de atrazina, y 48 horas después bajan?
Ahora, dicen que es que llovió y la precipitación pluvial disminuyó la concentración del veneno, pero esas son declaraciones aisladas que no están respaldadas en ningún estudio. Lo cierto es que ahora no había alguien visible a quien echarle el muerto como lo fue en ocasión anterior Campos de Pesé. Ya la población comenzaba a mirar hacia otras compañías y actividades del área, por lo que se apresuró a levantar la prohibición en torno al consumo del agua.
El Gobierno tiene que diseñar un plan con los ministerios de Salud y Desarrollo Agropecuario, así como con el sector productivo y empresarios para evitar el uso de herbicidas de excesiva toxicidad o se logre una producción libre de estos para evitar el envenenamiento de las fuentes de agua y los alimentos.
De no lograrse esto, es seguro que cada cierto tiempo se va a detectar presencia de herbicidas en las más de 3,000 fuentes de agua del país. ¡Acción rápida es lo que se requiere y no de funcionarios que andan a paso de tortuga!
