¿Águilas o talingos?
La idea de una fuerza élite para combatir el delito debe insertarse dentro de una estrategia general de seguridad, que involucre a diversos sectores de la vida nacional y con un componente interdisciplinario, que no solo reprima, sino que prevenga.
Entre los especialistas en el tema, la existencia de fuerzas especiales de reacción rápida son el resultado de un análisis multifactorial de todos los componentes que crean las condiciones para que el hecho delictivo se produzca.
Es por ello, que resulta ridículo que se cree un escuadrón élite, rimbombantemente bautizado como “Fuerza de Tarea Águila” y la misma se utilice para pedir licencias de conducir en retenes o en interrumpir eventos deportivos en barriadas populares para repartir volantes y verificaciones con el “Pele police”.
La creación de esta unidad y las tareas que desempeñan retratan de cuerpo entero el fracaso del gobierno de Juan Carlos Varela en política de seguridad pública.
El fallido programa Barrio Seguro, con el cual se pretendió comprar la lealtad de los delincuentes, fue dinero tirado a la basura. Los maleantes no han dejado de delinquir y, peor aún, el Gobierno paga para que sigan por el mal camino.
Una fuerza especial es el resultado operativo de planes y programas. Si no existen esas planificaciones, tal fuerza no es más que un ente innecesario y burocrático, porque para pedir licencias y hacer retenes, está la policía de Tránsito; para realizar allanamientos y tareas de inteligencia policial existe la policía regular y la Dirección de Investigación Judicial (DIJ).
Es por ello que estas águilas están en vía de convertirse en los molestos talingos, los cuales se pueden encontrar en cualquier punto de la ciudad, pero que como se sabe, son aves invasivas a sus congéneres del ecosistema.