Al oírlo lo vieron mis ojos
A María Magdalena Jesús le expulsó siete demonios, que significa dominio perfecto de Satanás sobre su vida. La tradición popular habla del ejercicio de la prostitución,
A María Magdalena Jesús le expulsó siete demonios, que significa dominio perfecto de Satanás sobre su vida. La tradición popular habla del ejercicio de la prostitución, fina y exclusiva de esta mujer con gente de mucho poder en los diferentes niveles de la vida judía, y probablemente de la romana. Por lo tanto admirada, deseada, repudiada, temida, famosa y despreciada; llena de alhajas y ropa fina, manejaba información que probablemente vendía o usaba para el chantaje, fabricaba intrigas. Se acostumbró al piropo, las palabras vulgares, vocablos indecentes y adulaciones continuas. No encontraba palabras sinceras ni expresiones de respeto en los que la rodeaban.
Pero una vez tuvo curiosidad y entre una muchedumbre que escuchaba a Jesús se detuvo a oír qué decía este “maestro de pobres”. Hubo algo que la sedujo: la voz cálida, sonora, suave y grave, melodiosa y profunda que salía del corazón de un hombre que no buscaba aplausos ni dinero, sino que se le escuchara. Se fijó más detenidamente en ese hombre y lo observó: unas sandalias viejas, un manto y una túnica, sin posesiones de bienes ni poder alguno, alto, con una faz que denotaba serenidad y majestuosidad, sencillez y luminosidad. ¿Quién eres tú Jesús?, la pregunta de siempre, de siglos y culturas, se hizo ella. Escuchó la parábola del Hijo Pródigo y le taladró el alma: ¿perdonar al que derrochó una fortuna sin que pague nada? ¿Devolverle sus derechos y hacerlo de nuevo su heredero? ¿Y él se está refiriendo a Dios en la figura de ese anciano padre? ¿Y acaso soy yo “el hijo pródigo”, pensó María Magdalena? ¿Habrá alguna oportunidad para mí? ¿Perdonarme todo para siempre y empezar de nuevo?
María Magdalena quedó cautivada y volvió a escucharlo y en una ocasión sintió la mirada misericordiosa, tierna, paternal, pura y limpia del maestro y cayó a sus pies. Jesús la llamó por su nombre y a partir de allí huyeron sus siete demonios. Esa voz que contiene la Palabra, que transmite el mensaje de amor de Dios, tú también la escuchas, de otra manera, cada vez que lees la Palabra, haces oración personal y comunitaria, vives la Eucaristía, te identificas con el pobre, amas al hermano, te inspira un acontecimiento a hacer el bien y encuentras al buen Dios en tu alma, el Señor con quien gracias a su poder serás invencible. Amén.
