Opinión - 10/4/17 - 12:00 AM

Alcohol al volante, responsabilidad compartida

Por: Carlos Miguélez Monroy Periodista -

Un joven de 33 años estrelló su BMW contra un poste a 180 kilómetros por hora con cuatro pasajeros a bordo en una avenida en plena Ciudad de México. Sobrevivió y se encuentra en cárcel preventiva, con una posible condena de más de 20 años por haber matado a las cuatro personas que lo acompañaban y porque las familias de las víctimas le niegan el perdón. Exigen que caiga sobre él todo el peso de la ley, aunque la cárcel como castigo no les devolverá la vida de sus seres queridos que murieron en el trágico accidente, ni garantiza una prevención de futuras muertes, ni reeduca o rehabilita al conductor.

En Estados Unidos, más de 10.000 personas mueren cada año en accidentes de tráfico relacionados con el consumo de alcohol, según datos de Centers for Disease Control and Prevention. Para poder visualizarlo mejor: 28 personas diarias, una muerte cada 53 minutos. En México, el séptimo país en muertes por accidente de tráfico en el mundo, mueren 24.000 personas cada año por conducir bajo los efectos de bebidas etílicas, según la Organización Panamericana de la Salud, la oficina regional de la OMS; 55 muertos cada día.

El endurecimiento de los códigos penales y la reducción de los límites de consumo de alcohol al volante han tenido resultados limitados. A pesar de los puestos de control de la policía y de las medidas penales puestas en marcha, aún existen inercias y resistencias culturales. Muchas personas conducen bajo los efectos del alcohol aunque hayan visto impactantes campañas o hayan escuchado miles de veces las posibles consecuencias.

Muchas personas no llevan coche cuando saben que, con mucha probabilidad, van a beber. Pero luego, liberados de esa responsabilidad y con el sentido del juicio y de la responsabilidad nublados, se suben, acompañan a conductores que quizá sí han consumido. Por eso no se trata de traspasar la responsabilidad a otros sin más ni de plantear el problema de forma individualista. Con alcohol de por medio, se pueden incentivar medios de transporte públicos o alternativos: Metro, autobuses o taxis. Resulta paradójico negarse a subirse a un taxi por cuestiones de seguridad y preferir en su lugar conducir ebrio o ir de copiloto con alguien que ha bebido o consumido alguna sustancia.

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