Alimentación que contamina
Se produce y consume carne a un ritmo vertiginoso. Se crían animales y se les ceba para que adquieran el mayor peso posible en poco tiempo para sacrificarles cuanto antes, llevarlos al mercado y volver a empezar el proceso. Los pollos, por ejemplo, pueden vivir una media de 10 años, pero se matan a los 6 meses, según Statista.
Esta manera de consumir provoca que haya más ganadería de la que puede soportar la Tierra. Para producir un litro de leche, una vaca necesita beber unos 3 litros de agua, en granjas de producción intensiva beben entre 110 y 150 litros al día. Este recurso natural también se ve afectado por la inmensa cantidad de agua que se destina [para] cultivar los cereales que alimentan al ganado.
Un enorme porcentaje de las talas en la Amazonía son para producir alimento animal o crear superficies de pastoreo. Se necesitan muchas hectáreas de superficie terrestre para mantener el ganado, es la principal causa de deforestación y de la consecuente pérdida de hábitats y especies animales.
“Cuando se talan los bosques para obtener pastos y forraje, se liberan a la atmósfera grandes cantidades de carbono almacenado en la vegetación y el suelo.” informa la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Esto, junto al metano que expulsan las vacas, hace que la industria cárnica libere más gases de efecto invernadero a la atmósfera que todo el sector del transporte junto, según la FAO.
El consumo excesivo de productos animales perjudica tanto a la salud de las personas como a la del planeta. Podemos alimentarnos de manera completa y equilibrada reduciendo o sustituyendo el consumo de estos productos por otros de origen vegetal.